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El
matrimonio a temprana edad, y la maternidad precoz en particular,
o no planeada, pueden producir un impacto profundo y prolongado
en el bienestar de la mujer, en su educación y en su capacidad
para contribuir a la comunidad. No obstante, son complejos los factores
físicos, familiares y culturales, que determinan cuáles
mujeres se casarán y cuándo, quiénes iniciarán
relaciones sexuales antes del matrimonio, quiénes comenzarán
a procrear durante la adolescencia, y quiénes tendrán
hijos fuera del matrimonio. En esta sección se presentan
las consecuencias educativas y laborales como producto del primer
embarazo en las mujeres de 15 a 24 años que han tenido al
menos un embarazo.
El Cuadro 14.28
nos permite visualizar la condición de estudio y/o trabajo
de la mujer cuando se quedó embarazada por primera vez. El
45.3 por ciento “no estudiaba, ni trabajaba”, el 23.5
por ciento “sólo estudiaba” y el 25.9 por ciento
“sólo trabajaba”. Otro 5.3 por ciento “estudiaba
y trabajaba”. La edad de las mujeres que se analizan (15 a
24 años), está estrechamente ligada a la edad escolar
(edades menores) y con el inicio de la actividad económica
(edades mayores), sin embargo de esto, en casi todas las variables
la proporción de mujeres que no estaban “ni estudiando,
ni trabajando” se impone frente a las otras categorías.
(Gráfico 14.7).
Gráfico 14.7
Condición de estudio o trabajo al tiempo de tener el primer
embarazo
(Mujeres de 15 a 24 años de edad con al menos un embarazo)
La condición de “sólo estudiaba”, es más
alta en el área urbana, en la Amazonía, entre las
menores de 17 años y en la categoría premarital (35.6%).
Cuando “sólo trabajaba” tiene valores más
elevados en el área rural (31.9%), en la Sierra (36.9%) principalmente
en su área rural (45.4%); en las que tienen 20-24 años
y en las del grupo indígena.
De acuerdo al nivel de estudios que la mujer tenía en su
primer embarazo, en el Cuadro
14.29 se observa que la gran mayoría de mujeres no era
estudiante en el momento de quedar embarazadas (71.2%), cifra que
aumenta a alrededor del 85 por ciento en áreas rurales de
la Sierra y Costa. El 1.3 por ciento de los embarazos ocurrió
en mujeres que tenían algún año aprobado en
el nivel primario, el 22.1 por ciento en secundaria y el 5.4 por
ciento en el nivel superior. En el nivel secundario sobresale con
mayor frecuencia el área urbana (27.9%), las ciudades de
Quito y Guayaquil (29.3% y 32.7%, respectivamente), la Amazonía
(41.5%), en mujeres cuyo primer embarazo ocurrió cuando tenían
entre 15 a 17 años (30.3%) y cuando el embarazo fue clasificado
como premarital (34.6%). Cuando estudiaban en el nivel superior,
los porcentajes más altos son en Quito (10.7%), en otras
ciudades de la Sierra (13.2%) y en las que tenían 20 a 24
años de edad (14.9%).
Entre las mujeres que eran estudiantes cuando supieron de su primer
embarazo, el 57.8 por ciento interrumpieron sus estudios (Cuadro
14.30). Este porcentaje está compuesto por el 16.5 por
ciento que interrumpió sus estudios y volvió a estudiar,
y el 41.3 por ciento que ya no volvió a estudiar después
de terminado su embarazo, con una mayor proporción en el
área rural que en la urbana (65.2% contra 55.4%, respectivamente).
En cambio, entre las mujeres que estaban trabajando cuando supieron
de su embarazo, el 33.2 por ciento dejó de trabajar, proporción
que es mayor en el área urbana que en la rural (37.8% contra
28.2%). De las mujeres que dejaron de trabajar, el 12.6 por ciento
volvió a trabajar y el 20.6 por ciento no regresó
a trabajar cuando terminó su primer embarazo (Gráfico
14.8). La probabilidad de no volver a estudiar o de no volver a
trabajar es mayor cuando el embarazo es marital. La razón
más frecuente tanto para las mujeres que no volvieron a estudiar,
cuanto para las que no volvieron a trabajar fue que “no tenía
con quién dejar al niño” (55.0% y 75.0%, respectivamente).
Otras razones mencionadas fueron “no le quedaba tiempo”
y “oposición del esposo”, en alrededor del 9
por ciento (datos no presentados).
Gráfico 14.8
Consecuencias educativas y laborales a
causa del primer embarazo
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