Quién(es) participó(aron) en la decisión sobre dónde dar a luz

En cuanto a quién participa en la decisión sobre dónde dar a luz, la parturienta y su esposo o pareja parece tener el mayor peso, puesto que esta combinación es expresada por 30.5 por ciento de las encuestadas (Cuadro 10.24). El 28.3 por ciento reporta que el esposo, conviviente o pareja tiene influencia en la decisión, y el 19.1 por ciento que la parturienta misma decide, mientras el 18.0 por ciento nombra a la madre de la parturienta y el 11.2 por ciento a otro familiar. Según se informa, la suegra interviene en el 6.3 por ciento de los casos.

Sin embargo, es preciso destacar que las categorías no son mutuamente excluyentes, es decir, la encuestada pudo haber seleccionado varias personas que intervinieron en la decisión. Parece ser lo más común que influyan varios miembros de la familia, ya que cuando se separan las categorías para que sean con respuestas exclusivas, hay un descenso en el porcentaje de encuestadas que menciona cada una. Así mismo, un 24.8 por ciento de las encuestadas señala solamente la pareja (parturienta y esposo / conviviente) como fuente de influencia sobre la decisión de dónde dar a luz, mientras el 20.0 por ciento menciona únicamente el esposo o conviviente y el 13.7 por ciento solamente la parturienta. Es notable que, cuando se trata de una sola fuente de influencia, el esposo o conviviente parece intervenir en más oportunidades que la parturienta misma.

Lugar dónde daría luz en el próximo embarazo, si lo hubiera

Como es de esperar, la intención expresada sobre dónde dar a luz en un próximo embarazo está estrechamente relacionada con el lugar del último parto (Cuadros 10.1, 10.2, 10.25 y 10.26). El porcentaje de las encuestadas que expresan la intención de dar a luz tanto en casa como en un establecimiento de salud ha decaído, comparado a las cifras del último parto, debido al grado de indecisión respecto a un posible futuro embarazo, tal como indica el 13.2 por ciento que contesta “Depende / indecisa” o “No sabe / No responde” (Cuadro 10.25). Al igual que sucedió con las cifras del último parto, la intención de dar a luz en casa si volviera a embarazarse es más marcada en la Sierra rural (31.2%) y en la Amazonía (26.2%); tiene su menor acogida en la región Insular (0.0%) y en las ciudades de Quito y Guayaquil (3.5% y 3.8%, respectivamente). A nivel provincial, se observa que las encuestadas de Bolívar (42.8%) y Chimborazo (40.2%) muestran la mayor intención de dar a luz en casa, seguidas por las de Esmeraldas (35.2%) y Loja (32.7%). Las de El Oro en la Costa y Carchi en la Sierra, muestran la mayor decisión a favor del parto institucional en caso de volver a embarazarse (88.3%, en ambos lugares).

Optar por un parto domiciliario en el futuro parece tener un decremento entre grupos de edad sucesivos, ya que este deseo se expresa en 6 por ciento menos en mujeres menores de 35 años que en las de 35-49 años (Cuadro 10.26). Se observa también una estrecha correlación entre paridad y lugar preferido para un futuro parto: el 38.3 por ciento de las gran multíparas (6 ó más hijos) muestra la preferencia por un parto domiciliario; esta cifra desciende paralelamente al número de hijos, hasta llegar a 9.8 por ciento de las primíparas. Se da la misma relación con la educación y el estado socioeconómico: a medida que aumenta el nivel de instrucción y el quintil económico, aumenta también el deseo de ser atendidas en un establecimiento de salud. En contraste, más de la mitad de las mujeres indígenas expresa la intención de optar por un parto domiciliario en el futuro (53.5%), mientras esta tendencia es mucho menos marcada entre mujeres de otros grupos étnicos.