Esta sección abarca razones por las cuales algunas parturientas decidieron dar a luz en casa y lo que les pareció bueno de haberlo hecho. Igual que en la sección anterior, se aplicaron las dos preguntas para tomar en cuenta la posibilidad de que, a pesar de haber querido ir a un establecimiento de salud, una parturienta pudiera haber dado a luz en casa por falta de tiempo u otras razones fuera de su voluntad. De igual manera, se aplicaron preguntas abiertas para no limitar el rango o contenido de las posibles respuestas, y luego se las codificó y se las agrupó en categorías.

Razones por las cuales decidió dar a luz en casa

Entre las encuestadas que dieron a luz en casa a su último hijo(a), la primera razón a nivel nacional fue “Por costumbre”, mencionada por un 37.4 por ciento de las parturientas (Cuadro 10.17 y Gráfico 10.3). De las mujeres que contestaron así, la gran mayoría no aclaró más lo que para ellas significa “Por costumbre”, siendo comentarios típicos: “Somos acostumbradas a dar a luz en casa”, “Costumbre de todas las mujeres de la comunidad”, “Por que siempre la familia da a luz en casa”, y “Tradición”. Una minoría agregó que no le hacía falta otro tipo de atención, manifestando, por ejemplo, que no consideró necesario ir a un establecimiento de salud porque durante el embarazo no tuvo problemas.

La respuesta “Por costumbre” se evidencia más frecuentemente en las áreas rurales que en las urbanas y más en la Sierra que en otras regiones del país (Cuadro 10.18). A nivel provincial, es más señalada en Bolívar (57.1%), Cotopaxi (56.5%), Esmeraldas (51.3%) y Chimborazo (50.0%) y menos en Guayas y Carchi (15.4% y 17.2%, respectivamente). También, guarda una fuerte relación con el grupo de edad, siendo expresada dos veces más por mujeres de 35 a 49 años de edad que por las de 25 años o menos (Cuadro 10.19). La correlación con nivel educativo es inversa, puesto que es señalado por casi 53 por ciento de las mujeres sin instrucción y va bajando sucesivamente con cada estrato educativo hasta llegar al 26.2 por ciento de las mujeres con secundaria completa o más. La correlación con paridad es similar.

El 29.0 por ciento se refirió a “Factores económicos” (“No tenía dinero para ir a una clínica u hospital”, “Más barato”, “Por la pobreza, no hay plata”) como motivo para haberse quedado en casa. Se evidencia una relación directa con el grupo de edad e inversa con nivel educativo. Además, es mencionado por un 9 por ciento más de las parturientas mestizas (32.7%) que las indígenas (23.7%).

Se estima por un 25.8 por ciento de las encuestadas, la existencia de “Barreras para llegar” al establecimiento de salud, sean físicas o sociales, como un motivo para dar a luz en casa: aquí se encuentran expresiones como: “Era de noche”, “Estaba lloviendo y no había transporte”, “No entraba carro en invierno”, “Vivía muy lejos”, “No me quisieron mandar al hospital mi familia”, y “No había quien me lleve”. Como es de esperar, este factor se destaca más en áreas rurales, siendo más afectadas las provincias de Cañar, Imbabura, Carchi y Bolívar. Asimismo es más expresado por mujeres indígenas y otras, que por mestizas.

Casi igual importancia tiene un “Mal concepto del establecimiento”, lo cual opina un 24.6 por ciento de las encuestadas. En esta categoría entran una variedad de factores distintos: maltrato por parte del personal de salud, vergüenza de ser examinada por muchas personas o no tener privacidad (en la casa “No hay mucha gente en el momento del parto”), miedo de algún procedimiento o posible percance (“Hacen tacto”, “Dicen que les parten la barriga”, “Dicen que se roban los niños” “Temor que le desgarren en la vagina”), miedo de tener que esperar mucho (“Dicen que los médicos no atienden rápido”) o falta de confianza en el personal o en el establecimiento.

Es notable que el “Mal concepto del establecimiento” es mencionado con mucha más frecuencia en las áreas urbanas (50.5%) que en las rurales (19.8%) y mucho más en la Costa (40.3%) que en la Sierra (18.4%) o la Amazonía (17.7%). Parece alcanzar su mayor nivel en las provincias de Guayas y Carchi (53.9% y 41.4%, respectivamente), pero hay que tomar en cuenta que en estas provincias existen muy pocos casos de partos domiciliarios. Cabe resaltar, que este factor, influye más en las mujeres del grupo étnico “otro” (36.1%) seguida por las mestizas (27.2%), y parece tener menos importancia para las indígenas (17.5%).

Una minoría (10.5%) asevera sentir “Más seguridad y confianza en casa”, ya sea por la presencia de sus familiares o por las ventajas que encuentra en su entorno: “Está acompañada de esposo”, “Ayuda la mamá”, “Tenía una partera conocida”, “Tiene seguridad en la casa por lo íntimo, no le ven ajenos”, “Confianza con la familia”, “En el campo es más tranquilo para dar a luz”. Este factor se manifiesta casi tres veces más en la Costa (18.5%) que en la Sierra (6.8%) y tiene un peso especialmente fuerte en las zonas rurales de la Costa (20.3%). También es más significativo en las mujeres del grupo étnico “otro” con un 18.4 por ciento, que corresponde a etnia negra o blanca, seguidas por las mestizas (10.3%) e indígenas (8.9%).

Gráfico 10.3
Razones por las cuales se decidió dar a luz en la casa

Percepciones de lo bueno de dar a luz en casa

Al momento de hablar de lo bueno de dar a luz en casa, los temas de confianza, buen trato, e inclusive prácticas culturales, se vuelven mucho más importantes. A nivel nacional, de las mujeres que dieron a luz a su último(a) hijo(a) en casa, un 43.9 por ciento expresa “Confianza en el ambiente, en los familiares y en la partera” (Cuadro 10.20). Algunas manifiestan que en el establecimiento de salud les dejan solas, mientras en la casa están rodeadas de familiares que brindan apoyo emocional. Otras apuntan al parto como un evento central en la vida familiar: “Estaban todos reunidos y pendientes del bebé”. También dicen que el parto se da más rápido en casa y “Con más delicadeza”. Finalmente destacan la importancia de la confianza que tienen en la partera que es una persona conocida. La “Confianza” es más predominante en las provincias de Imbabura (70.6%), Esmeraldas (60.3%) y Pichincha (51.9%).

Prosigue el tema de “Buen trato de familiares y de la partera”, enunciado a nivel nacional por el 23.5 por ciento de las mujeres con partos domiciliarios. De acuerdo a las respuestas obtenidas de las encuestadas, se ve que hay dos aspectos del buen trato: uno tiene que ver con la partera, el otro con la atención familiar. En cuanto al primero, califican la partera de “Buena”, “Pendiente”, y “Más comprensiba”, también dicen que ayuda más con el dolor y “Le acomoda bonito para dar a luz”. En cuanto al segundo, hacen contraste con la atención que piensan poder recibir en un establecimiento de salud: “Nadie me habla ni me trata mal”, “Mi esposo me cuida, cocina, me baña, todo”. El “Buen trato” es más expresado en Cañar y Azuay (43.5% y 43.3%, respectivamente) y en menor magnitud en Guayas y Carchi (5.1% y 6.9%, en su orden). Así mismo es más mencionado por las mujeres divorciadas/separadas/viudas (44.8%) y las solteras (32.7%) que las unidas (18.1%) y las casadas (21.9%). En cuanto a la importancia de “Confianza” y “Buen trato”, se observa, relativamente poca variación según edad, nivel de instrucción, estado civil, paridad y estado socioeconómico (Cuadro 10.22). Se nota un pequeño aumento en el porcentaje entre las encuestadas caracterizadas como grupo étnico “otro”.

El factor de “Practicar costumbres, tradiciones” es mencionado por el 15.1 por ciento de las mujeres con partos domiciliarios. Dentro de esta categoría entran: la posición del parto (“Hay como hacer fuerza, tiene donde cogerse”, “Da a luz a rodillas, acostada no puede”) comida sana (“Le dan de comer gallina”), aguas aromáticas, y factores del entorno casero (“En la casa no se levantan pronto, mientras que en el hospital sí”, “No llega el viento”, “Es caliente en la casa, en el hospital frío”).

Se puede ver que el “Practicar costumbres” parece ser más trascendente en las áreas urbanas que en las rurales de la Costa, mientras se da lo opuesto en la Sierra. Predomina este aspecto en Guayas con el 23.1 por ciento, comparado al 15.1 por ciento a nivel nacional. Es quizás inesperado que se le refleje poco en Imbabura (2.0%) y Chimborazo (5.0%) a pesar de tener estas provincias una población indígena muy considerable. Se nota que es más significativo entre las mujeres de 35 años en adelante que en los grupos de edad de 34 años para abajo, y también en el grupo étnico “otro” (24.5%) comparado a las indígenas y las mestizas. Es notable la incidencia entre divorciadas, separadas y viudas (26.1%).

La categoría de “Prácticas del hospital que no les gustan” es enunciada por el 14.5 por ciento y abarca tres temas. El primero tiene que ver con miedo de procedimientos médicos tales como la cesárea y la episiotomía innecesaria. El segundo está relacionada con la separación de la madre y el bebé (en la casa “Le dan inmediato a la niña”) y el tercero con la falta de privacidad (“No muestra el cuerpo a los doctores”, “Que no le toquen otras personas”, “Ahí hay mucha gente, el parto no es película”). Sobresale más en las áreas urbanas de la Costa (30.0%); sin embargo un mayor porcentaje las señala en Chimborazo (32.5%) que en cualquier otra provincia, seguido por Guayas (28.2%). Las mujeres que tienen 6 ó más hijos, son quienes otorgan mayor valor a la ausencia de prácticas desagradables del hospital en un 21.4 por ciento.

Aunque economía fue el segundo factor más importante en cuanto a por qué dar a luz en casa (Cuadro 10.17), tiene menos trascendencia al momento de relatar lo bueno de haberlo hecho, alcanzando el 29 por ciento en la primera instancia, pero menos del 15 por ciento en la segunda.

Finalmente, cabe resaltar que un 11.3 por ciento asevera que “No hay nada de bueno” de haber dado a luz en casa, pudiendo ser quienes se vieron obligadas a hacerlo por problemas económicos o porque existieron circunstancias o barreras que les impidieron llegar a un establecimiento de salud. Las encuestadas de Imbabura y Esmeraldas son las menos propensas a decir “Nada de bueno” en cuanto al parto en casa. Así mismo, existe una mayor tendencia en las mujeres mestizas, a decir que “No hay nada de bueno”, con más del doble el porcentaje (14.8%) en relación con las mujeres indígenas (7.2%) y casi cuatro veces comparado a las de otras etnias ( 3.6%). La misma relación se da en cuanto a grupos de edad; alrededor del 12.5 por ciento de las menores de 35 años contestan así, comparado con 4.0 por ciento de las de 35 años en adelante.

Persona o agente de salud que le atendió en casa

Entre las encuestadas con partos domiciliarios, la mayoría fue atendida por parteras tradicionales (47.0%) o por familiares (43.0%). Una notable proporción (7.3%) reporta haberse atendido por si sola, lo cual afecta la calidad de la atención. Hay muy pocos casos de atención por otros prestadores de servicios accidentales o tradicionales (Cuadro 10.23).