Introducción

A partir de 1987, el Centro de Estudios de Población y Desarrollo Social (CEPAR) ha desarrollado, de manera periódica, la Encuesta Demográfica y de Salud Materna e Infantil (ENDEMAIN). La presente encuesta del 2004 es la séptima de la serie de investigaciones realizadas en el país sobre esta materia y la quinta que realiza la institución, es así mismo la segunda que cuenta con información representativa a nivel nacional; urbano, rural; regional y provincial.

El objetivo general de las encuestas ENDEMAIN es obtener información actualizada, sistemática y desagregada sobre la dinámica demográfica y el estado de salud de las madres y niños, con el fin de consolidar políticas, diseñar, administrar y evaluar programas actualmente existentes, y orientar la definición de una agenda de políticas sociales a mediano plazo. Complementariamente, conocer y estudiar niveles, tendencias y diferenciales de la fecundidad, mortalidad infantil y de la niñez; salud sexual y reproductiva; regulación de la fecundidad; infecciones de transmisión sexual y SIDA, y otros temas de gran importancia. La ENDEMAIN 2004, agrega información sobre mortalidad materna, antropometría, violencia contra la mujer, asistencia escolar, uso de servicios y gastos en salud, y gastos de consumo de los hogares, temas que marcarán un nuevo hito en la investigación nacional.

Organización de la encuesta

Dada la magnitud de la investigación y la necesidad de encontrar el apoyo técnico y financiero adecuado, se conformó el Comité Técnico de la encuesta y la firma del Convenio Marco correspondiente, con la participación de varios organismos auspiciantes de este proyecto, entre los cuales están: Ministerio de Salud Pública (MSP), Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID), Fondo Japonés, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Programa Mundial de Alimentos (PMA), Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), Fundación Observatorio Social del Ecuador (OSE), Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (UNIFEM), y Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador (STFS). Con el apoyo de la USAID, se consiguió el asesoramiento técnico de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) de Atlanta y del Proyecto MEASURE de la Universidad de Carolina del Norte.

Los roles principales de las instituciones participantes han sido: apoyar a la encuesta a través de la asesoría y coordinación con el equipo técnico responsable; asegurar la calidad y oportunidad necesaria; aportar técnica y económicamente a su realización; conocer los resultados, y coadyuvar a la diseminación y uso de los mismos.

Metodología

La ENDEMAIN-2004 es un estudio de cobertura nacional con representatividad urbana y rural, por regiones y provincias del país, que recopila información sobre la vivienda y el hogar; composición y características de sus miembros. En algunos hogares se realizaron entrevistas individuales a mujeres en edad fértil de 15 a 49 años de edad y en otros hogares entrevistas al hogar para recabar información sobre uso de servicios de salud, gastos en salud y gastos de consumo de los hogares. Se utilizó como marco muestral el Censo de Población y Vivienda del 2001 (INEC). La muestra es probabilística, estratificada y multietápica, de la población civil no institucional.

La selección de la muestra de la encuesta se realizó en tres etapas. La primera etapa de selección consistió en tomar al azar los segmentos de 17 estratos establecidos (regiones Insular y Amazónica, 10 provincias de la Sierra y 5 de la Costa). De esta manera, se seleccionaron 692 segmentos, en los cuales se realizó la actividad de actualización cartográfica, a fin de garantizar que en cada uno de los segmentos se tendría la enumeración correcta de las viviendas. La segunda etapa de selección consistió en seleccionar 42 viviendas dentro de cada segmento seleccionado en forma aleatoria. Dentro de estas 42 viviendas, de manera alternada fueron seleccionadas 24 viviendas para desarrollar el cuestionario MEF y 18 para diligenciar el cuestionario Hogar. La tercera etapa de selección, utilizada para las 24 viviendas seleccionadas para aplicar el cuestionario MEF, consistió en tomar en forma aleatoria solamente una mujer en edad fértil de 15 a 49 años de edad por cada vivienda.

Características de las unidades de análisis

Según la ENDEMAIN 2004, el 68 por ciento de las viviendas en el país son catalogadas como casa o villa, el 14 por ciento como departamento y el restante 18 por ciento conformado por: mediagua, cuarto de inquilinato, rancho, choza y de otro tipo. A nivel nacional, el 63 por ciento de hogares cuenta con vivienda propia, el 18 por ciento con vivienda cedida, arrendada el 17 por ciento y alrededor del 2 por ciento con otras formas de tenencia.

Menos de la mitad de los hogares del país (48%) cuenta con abastecimiento de agua dentro de la vivienda y excusado conectado al alcantarillado (44%), así como en un 34 por ciento tienen la práctica de botar o quemar la basura. Mientras en el área urbana el 89 por ciento de los hogares dispone de agua por tubería, sea dentro o fuera de la vivienda, en la rural el 60 por ciento tiene acceso bajo cualquiera de las dos formas.

Sólo el 44 por ciento de hogares ecuatorianos posee servicio higiénico conectado al alcantarillado, 20 por ciento tiene servicio higiénico conectado a pozo séptico, 25 por ciento a pozo ciego, río, quebrada o tiene una letrina, y el 11 por ciento no tiene servicio higiénico. Los otros servicios como alumbrado y teléfono alcanzan coberturas importantes a nivel nacional. El 96 por ciento de los hogares ecuatorianos cuenta con servicio eléctrico, el 32 por ciento con servicio de telefonía convencional y el 31 por ciento con telefonía celular.

La ENDEMAIN 2004 ratifica que la población ecuatoriana mantiene un equilibrio por sexo, e identifica al país como de población eminentemente joven; más de la mitad de su población es menor de 24 años. El área rural concentra el mayor número de población joven (56%). Cerca de la mitad de la población de 6 años y más de edad tiene nivel de instrucción primaria. Con nivel secundario se identifica el 30 por ciento de la población nacional, mayor en el área urbana, Costa e Insular. El 10 por ciento de la población ha completado algún año de instrucción superior. Según datos de la encuesta, más de la mitad de los habitantes del área rural de la Sierra y de la Amazonía, así como las dos terceras partes del área rural de la Costa, se ubican en los dos quintiles más pobres.

La quinta parte de las mujeres en edad fértil entrevistadas son menores de 20 años y la proporción disminuye hasta el 9 por ciento para mujeres de 45-49 años; así mismo, un poco más de la mitad son menores de 30 años. Cerca de la tercera parte son solteras y más de la mitad están en unión (unidas y casadas). Es evidente el mejoramiento en el nivel educativo de las mujeres con respecto a la encuesta de 1999, menores porcentajes de mujeres sin instrucción, mayores en el nivel secundario y especialmente en el superior.

La auto-declaración de mujeres mestizas llega al 82 por ciento a nivel nacional. Cerca del 8 por ciento de las mujeres se auto-declararon indígenas, el 16 por ciento en los sectores rurales, 13 por ciento en la región Sierra y un mayor porcentaje en la Amazonía (20%). En el área rural de la Sierra, casi una de cada cuatro mujeres se auto-declaró como indígena. El porcentaje de registro de negra como grupo étnico, es más importante en la Costa (4.6%), por la influencia del mayor porcentaje de mujeres de esta raza en la provincia de Esmeraldas (37%).

A nivel nacional, el 85 por ciento de los nacidos vivos son de mujeres casadas o unidas y un 5 por ciento de madres solteras. Uno de cada cinco nacimientos son de mujeres menores de 20 años, dos de cada cuatro de mujeres de 20 a 29 años y uno de cada cuatro de madres entre 30 y 39 años de edad. Más de la mitad de los nacidos vivos en los cinco años anteriores a la encuesta son de mujeres sin instrucción o con nivel primario. El 54 por ciento de mujeres viven en al área urbana y su complemento en la rural, pero las primeras aportan el 45 por ciento de los nacimientos y las segundas el 55 por ciento. Aquellas mujeres que tienen bajos niveles de escolaridad (ninguno y primario) representan el 40 por ciento del total y aportan con más de la mitad de los nacimientos.

Fecundidad

La fecundidad es una de los variables más importantes para evaluar la tendencia de crecimiento de la población. En el Ecuador la tasa global de fecundidad, para el período 1999-2004, fue de 3.3 hijos por mujer. Esto representa un descenso de un nacimiento por mujer desde la TGF de 4.3 en el período 1982-1987, pero es poco apreciable un cambio entre las últimas tres encuestas ENDEMAIN. La TGF de 3.3 para 1999-2004 es muy semejante a la TGF de 3.4 para 1994-1999, siendo lento el descenso de las tasas específicas por edad y ocurre lo contrario con la tasa específica de fecundidad de las adolescentes, la cual de 91, calculada para los dos quinquenios anteriores, en el último período aumenta a 100.

La actual TGF registra importantes diferencias según nivel de instrucción de las mujeres (diferencia de 3.8 nacidos vivos entre los extremos) y quintil económico (diferencia de 3.2 nacidos vivos entre los grupos más pobre y más rico). Por primera vez, ENDEMAIN-2004 permite medir fecundidad según grupo étnico, encontrándose un gran diferencial entre la población auto-identificada como indígena (4.9 vs. 3.1 nacimientos por mujer).

La edad mediana de la primera relación sexual es 18.7 años, comparado con 20.6 años para la edad de la primera unión y 21.2 años para la edad del primer nacimiento. La edad mediana de la primera relación sexual entre las que tienen educación superior es 5.7 años mayor que entre quienes no tienen educación formal, 6.2 años mayor para la primera unión y 6.6 años mayor para el primer nacimiento.

Del total de nacimientos analizados, el 73.1 por ciento ocurrieron dentro de los cinco años después del nacimiento anterior. La cuarta parte de los nacimientos ocurrió dentro de los dos años después del nacimiento anterior (25.8%), y el 50.8 por ciento ocurrió dentro de tres años, siendo la mediana del intervalo al nivel nacional de 35 meses.

La duración promedio total del período no susceptible de embarazo es de 8.4 meses, la duración promedio de amenorrea de 7.8 meses y la duración promedio de la abstinencia postparto de 2.3 meses. Las mujeres que residen en áreas rurales tienen en promedio 3.8 meses más de tiempo postparto no susceptible al embarazo que las de áreas urbanas.

El 63.6 por ciento de los nacimientos en el período 1999-2004 fue "planeado", el 17.6 por ciento "deseado pero no previsto" y el 18.7 por ciento "no deseado". El porcentaje “no deseado” aumenta con la edad y el orden de nacimiento, y es mayor entre los grupos de menor educación y del quintil económico más bajo. La TGF deseada es de 2.6 hijos por mujer, la cual resulta ser un 21 por ciento menor que la observada (3.3 hijos por mujer). La TGF deseada es mayor en áreas rurales que en urbanas (3.1 contra 2.3) y es de un nacimiento mayor para mujeres indígenas que para mestizas (3.5 contra 2.5).

Planificación familiar

En el Ecuador, el 96.0 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad ha oído hablar de al menos un método anticonceptivo y el 95.5 por ciento de un método moderno. Los métodos más conocidos son las pastillas, la esterilización femenina, los condones, el DIU y la inyección. El nivel de conocimiento de al menos un método anticonceptivo varía del 97.8 por ciento entre la población mestiza al 74.9 por ciento entre la indígena. A mayor nivel de instrucción y nivel económico de las mujeres, es mayor la proporción que tiene conocimiento de los métodos.

La prevalencia de uso de métodos anticonceptivos en mujeres casadas o unidas, tenía un valor de 33.6 por ciento en la encuesta ENF de 1979 y en la ENDEMAIN 2004 alcanza 72.7 por ciento, un incremento de más del doble en los últimos 25 años. De la cifra actual, el 59 por ciento corresponde a métodos modernos y un 14 por ciento a los tradicionales de menor eficacia (ritmo y retiro). La esterilización femenina ocupa el primer lugar como preferencia de uso con el 24 por ciento.

En el área urbana el uso es del 76.6 por ciento y en la rural del 67.1 por ciento. El uso más bajo corresponde a mujeres en unión de 15 a 19 años de edad (56.1%), pero aumenta rápidamente al 80.5 por ciento entre aquellas de 30 a 34 años de edad. En la medida que aumenta el nivel de instrucción formal, también aumenta la prevalencia de uso de anticonceptivos, pasando del 51.0 por ciento entre mujeres sin educación formal al 79.9 por ciento entre aquellas con instrucción superior.

Las tres fuentes más importantes para la obtención de métodos anticonceptivos modernos son el Ministerio de Salud Pública (MSP), las farmacias particulares y las clínicas o consultorios médicos privados, las cuales brindan servicios de anticoncepción al 82 por ciento de las usuarias. El MSP es la fuente principal en el área rural y en la Sierra, Amazonía e Insular; es así mismo la principal fuente para la esterilización femenina y el DIU. La principal fuente de métodos modernos en el país es el sector privado con el 63.3 por ciento de la oferta. El sector público provee el 35.6 por ciento de métodos, su principal oferente sigue siendo el MSP.

Mujeres que no usan anticonceptivos

El 27.3 por ciento de las mujeres en unión de 15 a 49 años de edad no estaba usando un método anticonceptivo en los 30 días previos a la entrevista. El porcentaje que nunca ha usado varía del 5.9 por ciento entre mujeres del área urbana al 17.4 por ciento en la rural. El porcentaje que nunca ha usado un método es casi 5 veces mayor en la población indígena comparado con la población mestiza, y es mayor entre aquellas que no tienen hijos vivos y entre las sin educación formal.

A nivel nacional, el 48.3 por ciento de las mujeres desea usar anticonceptivos, el 10.3 por ciento en el presente y el 38.0 por ciento en el futuro. El deseo de usar es mayor entre quienes no tienen o tienen sólo un hijo, en comparación con las que tienen 2 ó más hijos. Los métodos con mayor demanda potencial son la inyección y la esterilización femenina.

Al hacer la estimación del indicador de mujeres que necesitan los servicios de planificación familiar, es decir, de mujeres fecundas, que no están embarazadas ni desean estarlo y que tienen el riesgo de un embarazo por no estar usando algún método anticonceptivo, el mismo es del 5.0 por ciento, el cual varía del 1.2 por ciento en mujeres solteras al 7.4 por ciento entre mujeres en unión. La mayor necesidad de servicios de planificación familiar se encuentra entre mujeres del área rural, mujeres en unión, indígenas y las sin educación formal.

Salud Materna

En la ENDEMAIN-1994 se presentaron estimaciones sobre la razón de mortalidad materna por no contar con otra fuente de datos que midiera la mortalidad materna del país. Con este propósito, también en la ENDEMAIN-2004 se incluyó el módulo para recolectar la información básica que requiere la metodología de la “hermana viva.” Aunque la muestra es suficientemente grande para estudiar la mayoría de indicadores de la salud reproductiva, no resulta ser suficiente para medir los cambios en la razón de mortalidad materna. El valor estimado para la razón de mortalidad materna bajó de 159 para el período 1988-1994 a 107 para el período 1994-2004, sin embargo, este cambio no es estadísticamente significativo.

Para los niños nacidos vivos en el período de julio de 1999 a junio de 2004, en el 84.2 por ciento de los casos, las madres tuvieron al menos un control prenatal. Para el 64.6 por ciento, el primer control prenatal fue en las 12 semanas de embarazo, varía del 74.7 por ciento en el área urbana al 52.8 por ciento en la rural, asciende del 35.5 por ciento entre nacimientos de madres que no tienen educación formal, al 88.1 por ciento entre aquellos de madres con instrucción superior. Sólo el 33.2 por ciento de nacidos vivos de madres indígenas recibió su primer control durante el primer trimestre. El 57.5 por ciento recibió 5 controles, varía del 70.7 por ciento en el área urbana al 41.9 por ciento en la rural. El porcentaje que recibió 5 ó más controles asciende del 21.9 por ciento entre mujeres sin educación formal al 87.6 por ciento entre aquellas con instrucción superior. Para el 52.0 por ciento de los niños se brindó un control prenatal más integral, por haberse inscrito durante el primer trimestre de embarazo y haber tenido al menos 5 controles. El cumplimiento de ambas condiciones varía del 64.6 por ciento en el área urbana al 37.0 por ciento en la rural.

Del total de nacimientos para los cuales las madres tuvieron al menos un control prenatal, el 63.5 por ciento recibió el control en los establecimientos del MSP y el 22.3 por ciento en clínicas o de médicos privados. El MSP es la fuente principal para la mayoría de la población indígena que tuvo al menos un control prenatal.

El 74.2 por ciento de los partos tuvieron atención profesional, la cifra cambia del 88.6 por ciento en el área urbana al 57.1 por ciento en la rural. De los partos clasificados como “en casa” (23.8%), el 12.7 por ciento fue atendido por una partera, especialmente en el área rural (21%). La atención profesional del parto sube del 36.7 por ciento en el grupo sin educación formal al 93.7 por ciento en el de instrucción superior. Del total de partos de mujeres indígenas, sólo el 30.1 por ciento tuvo atención profesional.

La tasa general de cesáreas informada es de 25.8 por ciento. Este indicador se lo podría considerar relativamente alto, estas intervenciones quirúrgicas son más frecuentes en el área urbana (34.0%) que en la rural (16.1%). Las mujeres con instrucción superior tienen la tasa más alta (49.1%), casi cinco veces a la de mujeres sin educación formal. Las tasas más elevadas se encuentran en establecimientos del IESS (50.0%) y en las clínicas, hospitales y médicos privados (49.8%).

Entre los servicios de salud materna investigados, el control postparto es el menos utilizado en el Ecuador, en el sentido que sólo el 36.2 por ciento recibió al menos un control. Esta cifra cambia del 44.4 por ciento en el área urbana al 26.4 por ciento en la rural. Sólo el 24.9 por ciento recibió el primer control antes de cumplir los 41 días posteriores al parto. La proporción que tuvo el primer control en el transcurso de los primeros 40 días cambia del 29.4 por ciento en el área urbana al 19.5 por ciento en la rural. El MSP se constituye en la fuente de control postparto para el 52.9 por ciento de las puérperas.

El 74.8 por ciento de mujeres de 15 a 49 años había recibido al menos una dosis de TT, y el 25.0 por ciento 3 ó más. El grupo de mujeres con la probabilidad de contar con al menos una dosis de TT tiende a disminuir con la edad y el número de embarazos. El 39.2 por ciento de la población indígena no recibió vacuna alguna.

Sólo el 34.7 por ciento de mujeres reportó haber recibido información sobre cáncer del útero. Del total de mujeres de 15 a 49 años de edad con experiencia sexual, el 64.3 por ciento reportó que al menos en una oportunidad ha hecho uso del servicio de citología vaginal, proporción que varía del 71.7 por ciento entre mujeres del área urbana al 52.6 por ciento en la rural.

El 71.7 por ciento de mujeres de 15 a 49 años respondió que ha oído hablar del cáncer de mama, cifra que asciende al 81.6 por ciento entre mujeres del área urbana y baja al 56.3 por ciento en la rural. Se evidencia que el conocimiento es muy bajo entre mujeres indígenas y en las sin educación formal. Sólo el 7.2 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad contestó haberse hecho alguna vez el examen de mamografía.

Factores que influyen en la búsqueda de atención para el parto y las complicaciones obstétricas

A nivel nacional, “Factores económicos” es la razón principal por la que las entrevistadas con nacidos vivos a partir de enero del 2002, seleccionaron el establecimiento de salud en el cual dieron a luz. Este factor fue expresado por 34.4 por ciento de las mujeres encuestadas. El factor “Confianza con el personal de salud o con el establecimiento”, fue expresado por un 23.2 por ciento de las encuestadas. La “Atención de emergencia”, “Seguridad en caso de una complicación”, y “Personal capacitado o experimentado”, fueron manifestados como criterios de selección por un 34.5 por ciento.

La Ley de Maternidad Gratuita y Atención a la Infancia (LMGYAI) de Ecuador garantiza a toda mujer ecuatoriana “Una atención básica y gratuita de salud, orientada a la reducción de la mortalidad materno-infantil”. Esta ley comprende la prestación de servicios “Gratuitos y de calidad” durante el embarazo, el parto y el posparto, a través de los establecimientos del MSP. En este contexto, la cifra más sobresaliente en cuanto a gastos durante el parto es que el 28.0 por ciento de las mujeres atendidas por el MSP reporta haber pagado la atención, el 26.1 por ciento haber tenido que comprar insumos o medicamentos y el 44.7 por ciento no haber tenido que hacer ningún gasto, lo cual señala que esta Ley todavía no se cumple en la mayoría de los casos.

Entre las encuestadas que dieron a luz en casa a su último hijo(a), la primera razón manifestada para ello fue “Por costumbre”, mencionada por un 37.4 por ciento de las parturientas. Esta respuesta se evidencia más frecuentemente en las áreas rurales y en la Sierra. El 29.0 por ciento se refirió a “Factores económicos”, y por el 25.8 por ciento a la existencia de “Barreras para llegar” al establecimiento de salud, o físicas o sociales. Casi igual importancia tiene un “Mal concepto del establecimiento”, lo cual opina un 24.6 por ciento de las encuestadas. Una minoría (10.5%) asevera sentir “Más seguridad y confianza en casa”. Entre las encuestadas con partos domiciliarios, la mayoría fue atendida por parteras tradicionales (47.0%) o por familiares (43.0%). Una notable proporción (7.3%) reporta haberse atendido por si sola.

Tres de cada cuatro mujeres que afirmaron haber identificado algún problema grave durante el embarazo, reportan haber acudido en primera instancia a un establecimiento de salud o recurren a personal de salud, ya sea dentro o fuera de su casa. Esta proporción se presenta mayormente en mujeres que residen en el área urbana con un 82.6 por ciento. La segunda opción al momento de percibir un problema de salud es quedarse en casa y/o usar remedios caseros (16.5%). Esta alternativa está asociada íntimamente con el nivel educativo y económico de la madre.

En cuanto a complicaciones percibidas durante el parto, la principal alternativa manejada por las mujeres que tuvieron su último parto en casa, es la de quedarse en casa y/o usar remedios caseros, en un 45.7 por ciento; en segunda instancia, acudir a un personal tradicional (31.2%). Menos de 10 por ciento que percibió una complicación durante un parto domiciliario acudió en primera instancia a un establecimiento de salud. En áreas rurales el porcentaje desciende a sólo el 7.3 por ciento, y baja aún más en mujeres indígenas y analfabetas.

Mortalidad Infantil y en la Niñez

La tasa de mortalidad infantil estimada para el período de 5 años entre julio de 1999 y junio de 2004 es de 29 muertes por mil nacidos vivos, casi igual a la tasa estimada para los 5 años previos a la ENDEMAIN-1999. La mortalidad neonatal y postneonatal también se mantuvieron casi a los mismos niveles registrados por la encuesta anterior. La estabilidad en el nivel de mortalidad en los últimos 5 años interrumpe la tendencia de las últimas 4 encuestas entre 1987 y 1999 cuando la mortalidad infantil descendió de 58 a 30 muertes infantiles por 1.000 nacidos vivos.

Entre las dos últimas encuestas la mortalidad en la niñez se redujo de 9 a 5 muertes por cada 1.000 niños(as) que sobrevivieron su primer año de vida, continuando la tendencia entre 1987 y 1999 cuando esta tasa bajó de 25 a 9 muertes por 1.000. La mortalidad en áreas rurales mantiene su reducción de 52 entre 1989-1994 a 32 entre 1999-2004, pero no hay un cambio en la mortalidad para áreas urbanas y posiblemente ha subido en los últimos 5 años de 22 a 28, dato que no tiene diferencia significativa. Las regiones Sierra y Costa mantienen sus tasas a casi el mismo nivel en las encuesta de 1999 y 2004 (de 26 a 27 en la Costa y de 34 a 35 en la Sierra).

La mortalidad en todas las edades menores de 5 años es mayor para hijos(as) de madres indígenas que de mestizas y lo es también para hijos(as) de madres sin instrucción. Casi no se observa una diferencia en mortalidad infantil según el quintil económico de los hogares, y la diferencia no es muy pronunciada para mortalidad en la niñez. Los valores en la mortalidad postneonatal son notables también en hijos(as) de madres indígenas y de sin instrucción. Lo más sorprendente es la diferencia en mortalidad infantil para hombres y mujeres (34 contra 25). La mortalidad es mayor para hijos(as) de madres de menor y mayor edad (36 si tiene menos de 20 años y 74 si tiene 40 o más años) y para niños(as) cuyo orden de nacimiento es mayor (49 si es orden 7 ó más). Como se ha observado respecto a la fecundidad, no se evidencian cambios en la misma en los últimos 5 años, por lo que no deben esperarse reducciones en mortalidad infantil basados en estos factores.

La tasa de mortalidad perinatal es de 28 por mil partos, los nacidos muertos representan el 53.6 por ciento de dicha estimación. La tasa de mortalidad neonatal temprana de 13 (0 a 7 días) representa el 76.5 por ciento de la tasa de mortalidad neonatal (17 por mil), lo que indica la importancia de la mortalidad neonatal temprana como componente de la mortalidad infantil. El menor riesgo de muerte perinatal se observa en madres menores de 30 años y el mayor en las de 30 ó más años.

Lactancia materna y nutrición

En el Ecuador la lactancia materna es una práctica generalizada, ya que se inicia en el 96.7 por ciento de los recién nacidos. La proporción de madres que inician la lactancia durante la primera hora es mayor en la Sierra que en la Costa. Las mujeres más pobres tienden a iniciar más temprano la lactancia que mujeres de los quintiles más altos. El 41.2 por ciento de madres recibió consejería sobre lactancia materna, proporción que varía entre 48.3 por ciento en áreas urbanas y 31.8 por ciento en rurales.

La duración promedio de la lactancia materna total es de 16.2 meses. La lactancia completa (lactancia materna junto con otros líquidos pero sin el uso de otras leches), tiene una duración promedio de 4.1 meses y la lactancia exclusiva (lactancia materna sin el uso de otras leches ni otros alimentos), es de 2.7 meses. La duración de lactancia total, completa y exclusiva, es más alta en el área rural que en la urbana, particularmente mayor en la Sierra que en la Costa. Las madres indígenas exhiben una mayor duración en los tres tipos de lactancia materna.

El 4.3 por ciento de los niños menores de seis meses no está recibiendo leche materna. Sólo el 39.6 por ciento de los niños menores de seis meses reciben lactancia exclusiva; ésta es más frecuente en el área rural, para los de madres del quintil más bajo y para los niños de madres que no trabajan. El porcentaje que recibe lactancia exclusiva es mucho mayor en la Sierra que en la Costa, y más que el doble para niños de madres indígenas que para aquellos de madres mestizas.

La complementación alimentaria a la lactancia ocurre más temprano que lo recomendado. El 18.4 por ciento de los niños menores de seis meses de edad recibe lactancia predominante (consumo de agua u otros líquidos, excluyendo otras leches). Al acumular estos porcentajes con los de la lactancia exclusiva, el 58.0 por ciento de los menores de seis meses de edad reciben lactancia completa, el resto no está siendo lactado o recibe otros alimentos no recomendados para los niños en esas edades.

La OMS recomienda que, de ser posible, la lactancia continúe al menos hasta que el niño(a) cumpla dos años de edad. Entre los niños de 12 a 15 meses de edad, el 62.0 por ciento está siendo lactado con cualquier tipo de lactancia y el 22.7 por ciento entre los que tienen de 20 a 23 meses de edad.

Esta es la primera encuesta ENDEMAIN que incluye una clasificación del estado nutricional de los niños y las madres, basado en mediciones antropométricas de peso y talla. Esta información permite calcular tasas de desnutrición basadas en comparaciones con valores internacionales de referencia. En cuanto a la relación de talla por edad por debajo de –2.0 DE (desviación estándar) que representa un retardo en la estatura (desnutrición crónica), el valor observado a nivel nacional es de 23.2 por ciento. Dentro de este grupo, el 5.9 por ciento cae por debajo de –3.0 DE en la población de referencia, clasificado con desnutrición crónica severa. La desnutrición crónica en el área rural (30.7%), es mucho más alta que en la urbana (17.0%) y el indicador de la región Sierra (32.0%) es casi el doble que el de la Costa (15.7%). La desnutrición de los niños cuyas madres no tienen educación formal es más de tres veces (38.1%) que la estimada para los niños de madres con instrucción superior. El porcentaje para el quintil económico bajo (30.0%) es casi tres veces el valor del quintil alto (11.4%). El porcentaje para hijos(as) de madres indígenas (46.7%) es mucho mayor que para los otros grupos étnicos, los cuales varían entre 14.0 y 21.2 por ciento.

El indicador peso para la edad caracteriza la desnutrición global (bajo peso). Los resultados muestran que en el Ecuador, el 9.4 por ciento de los niños(as) menores de cinco años presentan bajo peso para su edad y el 1.3 por ciento está clasificado como desnutrición global severa. Las diferencias ya mencionadas para desnutrición crónica se repiten para desnutrición global, pero los diferenciales no son tan pronunciados. El indicador bajo peso para talla caracteriza a la desnutrición aguda. Sólo el 1.7 por ciento de los niños(as) menores de cinco años de edad tiene un valor de peso para talla que está por debajo de –2.0 DE, porcentaje que es menor al esperado en la población de referencia (2.3%), lo cual refleja que no existe mayor problema de emaciación en el país.

De acuerdo con el indicador “Índice de masa corporal” de las madres, no se observa mayor problema de bajo peso (1.9%), pero el 40.4 por ciento de madres estaban clasificadas con sobrepeso y otro 14.6 por ciento como obesas, de modo que 55.0 por ciento tiene un peso más que normal para su talla. La estatura promedio de las mujeres con hijos menores de cinco años es de 151.2 centímetros. El 13.8 por ciento de mujeres tienen una estatura menor de 145 cm. (considerando 145 cm. como valor crítico), problema que es más frecuente en la Sierra que en la Costa. Hay evidencia que las cohortes de mujeres nacidas más recientemente son más altas que las cohortes nacidas en el pasado.

Salud del niño(a)

Según las normas del MSP, el primer control del niño debe realizarse durante el transcurso del primer mes de vida y mantenerse periódicamente hasta cumplir los 5 años de edad. El 93.6 por ciento de niños fue llevado para el control por lo menos en una oportunidad. El cumplimiento de esta norma varía del 50.1 por ciento en el área urbana al 39.6 por ciento en la rural. El 35.8 por ciento de niños del nivel económico bajo es llevado en el trascurso del primer mes de vida, cifra que asciende al 60.0 por ciento entre quienes pertenecen al nivel alto. Sólo el 29.0 por ciento de niños de población indígena concurren a su primer control durante el primer mes de vida. Los establecimientos del MSP son la principal fuente de atención del primer control de recién nacido.

El 21.7 por ciento de los niños menores de 5 años de edad había tenido diarrea durante las dos semanas previas a la entrevista. La prevalencia en el área rural es un poco mayor que en la urbana. El 91.4 por ciento de los niños que tuvieron diarrea recibió alguna forma de tratamiento. El 30.7 por ciento de los niños recibió suero oral y el 26.5 por ciento suero casero.

El 42.3 por ciento de los niños menores de 5 años de edad tuvo infección respiratoria durante las últimas dos semanas previas a la entrevista. El porcentaje cambia del 45.7 por ciento en el área urbana al 38.3 por ciento en la rural. Del total de niños que tuvieron infección respiratoria, la misma duró en promedio 7.3 días, lo cual puede identificarse como una infección respiratoria aguda. El 89.4 por ciento de las madres hizo algo para aliviar o curar la infección respiratoria y otro 58.3 por ciento consultó con alguien sobre la infección de su niño.

Sólo el 63.7 por ciento de las madres de niños menores de 5 años tenía o podía mostrar el Carné de Salud Infantil al momento de la entrevista. Este porcentaje es ligeramente mayor en el área urbana que en la rural. La tenencia del carné disminuye a medida que aumenta la edad de la madre o del niño. El grupo de madres sin educación formal presenta la menor proporción de posesión del carné. Se puede afirmar que el carné no está siendo usado para los propósitos que fue diseñado.

Hasta la ENDEMAIN 1999 se mantuvo como criterio que un niño tenía el esquema completo de vacunación con BCG y sarampión cuando le habían aplicado una dosis, y para polio y DPT cuando le habían aplicado 3 dosis. Para la ENDEMAIN 2004 el criterio incluye la pentavalente, en combinación o sustitución de la DPT, y la SRP o la SR, en reemplazo de la vacuna contra el sarampión. Con respecto a la BCG, los resultados de ENDEMAIN 2004 indican que del total de niños de 12 a 23 meses de edad, el 96.7 por ciento ha recibido al menos una dosis, y el 74.6 por ciento las 3 dosis de DPT / pentavalente. Sólo el 52.1 por ciento de los niños de la población indígena tiene inmunización completa de DPT / pentavalente. El 71.8 por ciento de niños de 12 a 23 meses de edad ha recibido las tres dosis de la vacuna oral contra la poliomielitis. Las coberturas de vacunación con SRP, SR o la del sarampión es de sólo el 65.9 por ciento. Sólo el 38.0 por ciento de los niños de madres indígenas está vacunado contra el sarampión.

Del total de niños de 12 a 23 meses, sólo el 53.5 por ciento tiene en conjunto los esquemas de vacunación completos de acuerdo a su edad. La relativamente baja cobertura de sarampión hace que este indicador también resulte bajo. La cobertura de las 4 vacunas no presenta mayor variación atendiendo al sexo del niño, pero hay diferencias notables según lugar de residencia, y nivel educativo y económico de la madre.

Actividad sexual y salud reproductiva en mujeres de 15 a 24 años de edad (adolescentes y jóvenes)

La mayoría de mujeres de 15 a 24 años de edad tuvo la menarquia entre los 12 y 13 años de edad, siendo la edad promedio de 12.9 años. Entre las mujeres que han menstruado, la mayoría conocía sobre la menstruación al momento en que este evento ocurrió, siendo la madre la principal fuente de información sobre qué es la menstruación o regla.

El 81.6 por ciento de mujeres de 15 a 24 años ha recibido alguna información sobre temas de sexualidad, cifra que varía de 91.4 por ciento en el área urbana al 67.6 por ciento en la rural. La población indígena presenta una menor probabilidad de recibir información, con cifras muy bajas sobre el “VIH/SIDA” y los “métodos anticonceptivos”.

Del total de mujeres adolescentes y jóvenes, el 46.7 por ciento ya ha tenido relaciones sexuales. La población indígena declara en menor proporción haber tenido experiencia sexual (43.7%). De las mujeres que han tenido relaciones sexuales, el 37.2 por ciento declaró que la primera relación sexual fue premarital. El 56.7 por ciento de mujeres sin instrucción ha tenido relaciones sexuales premaritales. Las mujeres del nivel más pobre, muestran un mayor riesgo de tener relaciones sexuales premaritales que las del nivel más rico. Para el área rural la edad mediana a la primera relación sexual es 18.7 años y 19.3 años en la urbana.

De las mujeres de 15 a 24 años de edad con experiencia sexual, el 13.5 por ciento declaró haber usado un método anticonceptivo en su primera relación sexual, siendo su uso menor en el área rural, en la población indígena y en mujeres con menor instrucción. Sólo el 7.1 por ciento de mujeres cuya relación sexual fue antes de los 15 años usó algún método. El uso de métodos es mayor cuando la relación fue premarital que cuando fue marital.

El 38.9 por ciento de adolescentes y jóvenes ha tenido al menos un embarazo, el 22.0 por ciento clasificado como marital y el 16.9 por ciento como premarital. La proporción de mujeres alguna vez embarazada es más alta en el área rural. La proporción de mujeres con al menos un embarazo varía del 67.8 por ciento en mujeres sin instrucción formal al 24.0 por ciento en las del nivel superior.

La frecuencia de embarazos premaritales es mayor en mujeres separadas, viudas o divorciadas (44.3%) que en las actualmente casadas o unidas (30.6%). Con excepción de las mujeres de 15 años, las madres solteras, las mujeres con instrucción superior y las de nivel económico más alto, la proporción de mujeres con embarazo marital es mayor que la de embarazos premaritales.

Cuando la mujer quedó embarazada por primera vez, el 45.3 por ciento “no estudiaba, ni trabajaba”, el 23.5 por ciento “sólo estudiaba” y el 25.9 por ciento “sólo trabajaba”. La condición de “sólo estudiaba”, es más alta en el área urbana; cuando “sólo trabajaba” tiene valores más elevados en el área rural y en la Sierra y en las del grupo indígena. La gran mayoría de mujeres no era estudiante en el momento de quedar embarazadas (71.2%). Entre las mujeres que eran estudiantes cuando supieron de su primer embarazo, más de la mitad interrumpió sus estudios y la tercera parte dejó de trabajar.

Violencia contra la mujer

Del total de mujeres de 15 a 49 años de edad, un 42 por ciento había observado alguna forma de violencia entre sus padres; el 35.9 por ciento observó maltratos físicos cuando ellas eran menores de 15 años de edad, y un 39.6 por ciento fue testigo de violencia psicológica. El 31 por ciento declaró haber recibido algún tipo de maltrato, 28 por ciento físico y 25 por ciento psicológico. Las tasas mas altas de violencia se encuentran entre mujeres indígenas y en mujeres con baja escolaridad. Las personas responsables del maltrato físico y/o psicológico durante su niñez fueron en su mayoría las madres y los padres, hermanos o hermanas.

Durante toda la vida, el 41 por ciento de las mujeres alguna vez casadas o unidas reportó que había recibido maltratos verbales o psicológicos, el 31 por ciento violencia física, y el 12 por ciento violencia sexual por parte de alguna pareja o ex-pareja. Los porcentajes de mujeres que reportaron estos tres tipos de violencia en los últimos 12 meses, fueron: violencia verbal/psicológica 15 por ciento, violencia física 10 por ciento, y violencia sexual 4 por ciento. No se observan diferencias significativas según área de residencia.

El marido o compañero actual fue nombrado como el responsable de la violencia en alrededor de 80 por ciento de casos. En toda la vida, el 14 por ciento de mujeres reportó sólo violencia verbal, 17 por ciento verbal y física, y 9 por ciento verbal, física y sexual. En total, el 46 por ciento de mujeres alguna vez casadas o unidas sufrieron por lo menos uno de los tres tipo de violencia. En el último año, el 18 por ciento de mujeres sufrió alguno de los tres tipos de violencia.

Del total de mujeres que reportó al menos un acto de violencia física o sexual en los últimos 12 meses, el 21 por ciento no mencionó ninguna consecuencia de la violencia de pareja y el 46 por ciento respondió haber buscado ayuda. El buscar ayuda es menos común entre mujeres indígenas, las de mayor edad, y las ubicadas en el quintil económico más bajo.

Casi el 10 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad reportó que en el transcurso de su vida había experimentado alguna forma de violencia sexual, el 7 por ciento que fue violada (con penetración) y el 4 por ciento alguna situación de abuso sexual (sin penetración). Estas formas de violencia sexual son más frecuentes en mujeres con residencia urbana, divorciadas, separadas o viudas, mujeres de 35 a 39 años de edad, y mujeres con bajos niveles de instrucción y en difícil situación económica. En la mayoría, en ambos casos de violencia sexual, los responsables resultaron ser personas conocidas: 86 por ciento en la violación y 81 por ciento en el abuso sexual.

El porcentaje de mujeres que reportó el primer abuso sexual (sin penetración) a una edad menor de los 15 años (42%), fue mayor que el porcentaje que reportó la primera violación antes de esa edad (23%). Para el 7 por ciento de las mujeres violadas, la primera vez ocurrió cuando tenían menos de diez años de edad, y para el 16 por ciento cuando tenían entre 10 a 14 años.

Infecciones de transmisión sexual y VIH/SIDA

Excluyendo el VIH/SIDA, existe un alto desconocimiento de la mayoría de las otras ITS. La ITS más reconocida es la gonorrea, seguida por la sífilis. En general, el conocimiento de las ITS es bajo entre mujeres de 15 a 24 años de edad y en indígenas. Al nivel nacional, el 91.2 por ciento de las mujeres reconoce la existencia del SIDA, pero sólo el 62.5 por ciento de ellas lo mencionó en forma espontánea. El conocimiento espontáneo del SIDA es más alto entre mujeres que viven en el área urbana (73.1%), en mujeres solteras (67.0%) y mujeres sin experiencia sexual (67.9%). Sólo el 75.1 por ciento de mujeres sabe que una persona puede estar contagiada con el VIH y no presentar signos o síntomas y poco más del 82 por ciento sabe que no existe curación para el SIDA.

El 22.5 por ciento de mujeres no mencionó alguna forma de prevención y sólo el 40.3 por ciento mencionó dos o más formas para evitar el contagio. El conocimiento de dos o más formas es mayor en el área urbana que en la rural. Entre mujeres indígenas el conocimiento es de sólo del 18.1 por ciento. Las tres principales formas de prevención más frecuentemente mencionadas en forma espontánea fueron: uso de condones (51.9%), monogamia (31.4%) y la abstinencia (17.1%). Sólo el 8.5 por ciento de mujeres mencionó espontáneamente las tres formas en conjunto.

A nivel nacional, el 65.9 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad ha oído hablar de la prueba del VIH, el 44.2 por ciento sabe donde la hacen y el 13.6 por ciento se ha realizado la prueba. El porcentaje de mujeres del área urbana que se ha hecho la prueba en alguna oportunidad es casi tres veces mayor que en el área rural y pasa del 8.4 por ciento entre mujeres sin instrucción al 32.3 por ciento entre aquellas con instrucción superior.

El 71.1 por ciento de mujeres estaría dispuesta a recibir y cuidar en su casa un pariente enfermo de SIDA, el 58.1 por ciento aceptaría que una profesora infectada por el VIH, aunque no se vea enferma, siga dando clases, y el 48.3 por ciento estaría dispuesta a comprar verduras o alimentos a un vendedor con SIDA. También el 54.6 por ciento informó que sería aceptable que niños o niñas infectados con el virus del SIDA asistan a la misma escuela o colegio donde van los niños y niñas de su familia.

El 59.5 por ciento de las mujeres considera que no tiene riesgo personal de adquirir el VIH/SIDA y el 28.2 por ciento cree que si lo tiene. Las mayores proporciones de mujeres que consideran que tienen riesgo personal de adquirir el VIH/SIDA viven en el área urbana, son separadas, divorciadas o viudas, tienen 45 a 49 años de edad, con instrucción superior y son clasificados ser del nivel económico alto.

El 42.5 por ciento de las mujeres sexualmente activas usaría los condones si su pareja lo propusiera, entre ellas sobresalen las solteras, las que tienen instrucción superior, las del nivel económico alto y las que viven en el área urbana. Llama la atención que sólo el 47.5 por ciento de las mujeres que perciben tener algún riesgo de contraer el VIH estaría dispuesta a usar el condón si la pareja sexual lo propone.

Asistencia escolar de niños(as) de 6 a 14 años de edad en el año lectivo 2003/2004

El 66.4 por ciento de los niños(as) de 5 a 14 años de edad había asistido alguna vez al Kinder. El 72.3 por ciento de las niñas y niños con 5 a 9 años de edad ha asistido alguna vez al Kinder, comparado con solamente el 59.4 por ciento en el grupo de 10 a 14 años.

Del total de niños de 6 a 14 años de edad, el 80.0 por ciento asiste al grado esperado o a uno superior; por diferencia, el 20.0 por ciento ha experimentado al menos una de las tres barreras para su desarrollo normal dentro del sistema educativo (entran tarde al sistema, lo abandonan, o no progresan de grado a grado como se espera). El abandono escolar es más crítico a partir de los 11 años de edad, subiendo rápidamente de 9.3 por ciento en los de 11 años de edad al 26.9 por ciento en los de 14 años. En el año lectivo 2003/2004, el 10.4 por ciento de niños(as) asistía a un grado inferior al esperado para su edad. Este porcentaje es más alto entre niños(as) de 14 años de edad.

Solamente el 8.0 por ciento de niños(as) que entraron de 6 años de edad ha abandonado la escuela, en comparación con el 23.1 por ciento para quienes entraron con 8 ó más años de edad. El ingreso temprano al primer grado (antes de los 6 años cumplidos), es bastante común en el Ecuador. Del total de niños(as) de 6 a 14 años, el 21.8 por ciento entró al primer grado antes de cumplir 6 años de edad, aún en grupos con más desventajas sociales y económicas.

A nivel nacional, el 8.5 por ciento estaba repitiendo el grado al que asistió en 2003/2004. Esta cifra varía según edad cuando comenzó el primer grado, número de hermanos que tiene, tipo de escuela, quintil económico y nivel de instrucción de la madre. La repetición era especialmente común para los que comenzaron con 8 ó más años de edad (22.5%) y para los que tienen 7 ó más hermanos (16.9%).

El grado en que la mayor parte de estudiantes abandonan el sistema educativo es después de completar el sexto grado. El 65.9 por ciento de los que terminaron sus estudios lo hizo después de aprobar el sexto grado (séptimo de básica). Este porcentaje sube al 71.6 por ciento en la Sierra y baja al 60.2 por ciento en la Costa, y 56.3 por ciento en la Amazonía.

Uso de servicios de salud

En el Ecuador, el 80.8 por ciento de la población no tiene ningún seguro de salud. Sólo el 19.2 por ciento está afiliada a un seguro. De esta proporción, el 7.5 por ciento está cubierta por el seguro general del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), y el 7.7 por ciento por el Seguro Social Campesino (SSC). En conjunto, la gran mayoría de la población asegurada está cubierta por el IESS y/o SSC, cobertura que representa solamente el 16.5 por ciento de la población total. El porcentaje de personas que está asegurada es mayor en el área rural (20.5%) que en la urbana (18.2%). La probabilidad de estar afiliado(a) a un seguro es mayor en la Sierra que en la Costa (23.4% contra 14.4%). La gran mayoría de la población ecuatoriana se halla sin cobertura de seguro de salud.

Cerca de la mitad de la población encuestada percibió que se encontraba enferma o que había tenido algún problema de salud durante los 30 días previos a la entrevista. Las personas que viven en el área urbana percibieron en mayor proporción tener problemas de salud que las del área rural (51.0% contra 46.8%). Las mujeres manifiestan problemas de salud en mayor medida que los hombres (51.8% contra 46.6%), son particularmente elevados en menores de cinco años (60.4%) y en los mayores de 74 años (76.4%).

Para el 24.8 por ciento de los residentes habituales de los hogares entrevistados, se reportó algún problema respiratorio, en un distante segundo lugar se encuentran los problemas crónicos (6.7%), seguido por problemas digestivos o vómitos (5.9%) y problemas de nervios o musculares (4.7%), principalmente.
El 41.9 por ciento de las personas que tuvieron al menos un problema de salud buscaron atención con visita a un agente de salud y el 47.8 por ciento se automedicó. El uso de la automedicación tiene relación inversa con el nivel económico y es particularmente alta en grupos indígenas. El 15.3 por ciento de la población con al menos un problema de salud siguió el tratamiento recomendado por el médico y el 8.4 por ciento de las personas no hizo nada para resolver estos problemas. El tipo de establecimiento de salud visitado para resolver los problemas de salud son principalmente los consultorios médicos (14.2%), establecimientos del MSP (11.5%) y las farmacias particulares (6.2%).

Sólo el 5.6 por ciento de la población usó servicios preventivos de salud durante los 30 días previos a la entrevista, cifra que aumenta al 6.8 por ciento en el área urbana y baja al 4.0 por ciento en la rural. Los resultados son más bajos de lo esperado, lo cual en parte puede deberse al corto periodo de tiempo de referencia para esta parte de la investigación.

El 60.1 por ciento de niños menores de 15 años tomó al menos una dosis de antiparasitarios durante los 12 meses previos a la entrevista. Las fuentes principales de antiparasitarios son las farmacias, el Programa de Atención Escolar y el MSP.

Gastos en salud

El gasto anual promedio en salud de los hogares ecuatorianos la encuesta ENDEMAIN 2004 lo estima en US $541.9, cifra que asciende a US $576.2 si se excluye el 6 por ciento de hogares que no tuvieron problemas de salud o no usaron servicios. Para todos los hogares, el gasto promedio es mayor en el área urbana que en la rural (US $613.3 contra US $438.0), pasa de US $277.5 en hogares del quintil más bajo a US $873.0 en los del quintil más alto. El gasto promedio anual per cápita se estima en US $147.9, valor que aumenta a US $157.3 si se excluyen los hogares sin problemas de salud.

Los gastos directos en salud anualizados (consultas, medicamentos, exámenes en general y de laboratorio, atención de salud preventiva, control prenatal, atención del parto, administración de antiparasitarios y gastos de hospitalización) se estiman en US $513.9, valor que aumenta a US $546.5 si se excluyen hogares sin problemas de salud. Este gasto representa casi el 95.0 por ciento del gasto total anual. El gasto promedio anual en transporte para ir a los servicios de salud se estima en US $27.9, cifra que es US $29.7 si se excluyen hogares sin problemas de salud. Las pérdidas de ingresos promedio ocurridas cuando algún miembro del hogar estuvo enfermo es de US $90.4, valor que aumenta a US $96.1 excluyendo hogares sin problemas de salud o que no usaron servicios de salud.

El gasto promedio mensual para atención curativa ambulatoria sin hospitalización es de US $35.1, cifra que asciende a US $40.7 si se excluye al 13.8 por ciento de hogares sin problemas de salud. El gasto per cápita mensual, se estima en US $9.7, cifra que aumenta a US $11.3 si se excluyen los hogares sin problemas de salud. El gasto mensual por enfermo se estima en US $17.4, cifra que aumenta a US $20.2 al excluir hogares sin problemas de salud.

El 12.0 por ciento de hogares tuvo al menos un miembro hospitalizado durante los últimos 12 meses a la fecha de la encuesta y el 1.2 por ciento de personas hospitalizadas no gastó por la hospitalización. El gasto promedio anual por hogar es de US $47.6, cifra que aumenta a US $396.9 cuando se considera solamente los hogares con hospitalización. El gasto por persona hospitalizada es de US $43.8, valor que aumenta a US $365.9 cuando se considera solamente hogares con al menos un hospitalizado.

El 13.6 por ciento de los hogares tenía al menos una mujer embarazada durante los 12 meses previos a la entrevista. El gasto promedio en atención prenatal de todos los hogares entrevistados es de sólo US $1.7, cifra que asciende a US $12.8 si se considera solamente hogares con alguna embarazada. El gasto en hogares indígenas en promedio es de US $4.4. Los hogares con gastos menores de US $10.0 representan el 66.8 por ciento, con relación al gasto directo (71.2%), lo cual determina que en el país el uso de control prenatal es de bajo costo para una gran mayoría de mujeres embarazadas.

El 8.7 por ciento de los hogares tenía al menos una mujer que dio a luz durante los 12 meses previos a la entrevista. El gasto promedio en atención del parto de todos los hogares es de US $8.3, cifra que asciende a US $94.6 si se considera solamente aquellos que tuvieron al menos una mujer que dio a luz. Los hogares del nivel económico superior gastaron en promedio US $384.1, casi diez veces más que los del nivel inferior (US $41.3).

El 12.9 por ciento de los hogares no gastó nada en salud durante el período anualizado. Para el 72.3 por ciento, el gasto en salud representó menos del 10 por ciento del gasto total de consumo, para el 14.0 por ciento entre el 10 y 19 por ciento y para el 5.8 por ciento entre el 20 y 29 por ciento. Para el 9.1 por ciento de hogares los gastos incurridos en salud representan el 30 por ciento o más del gasto total de consumo del hogar.

El porcentaje de hogares que gastó el equivalente a menos del 10 por ciento del gasto total de consumo, varía del 69.6 por ciento en el área rural al 72.3 por ciento en la urbana. El 27.2 por ciento de hogares indígenas no gastó nada, mientras que el 44.8 por ciento gastó menos del 10 por ciento del gasto total. A medida que aumenta el nivel económico, se incrementa el porcentaje de hogares que gastó menos del 10 por ciento del gasto total. Los porcentajes más altos de gastos en salud se encuentran en hogares del área rural, en la Sierra, en hogares de población mestiza y en los del quintil económico más pobre.