A partir de 1987, el Centro de Estudios de Población y
Desarrollo Social (CEPAR) ha desarrollado, de manera periódica,
la Encuesta Demográfica y de Salud Materna e Infantil (ENDEMAIN).
La presente encuesta del 2004 es la séptima de la serie
de investigaciones realizadas en el país sobre esta materia
y la quinta que realiza la institución, es así mismo
la segunda que cuenta con información representativa a
nivel nacional; urbano, rural; regional y provincial.
El objetivo general de las encuestas ENDEMAIN es obtener información
actualizada, sistemática y desagregada sobre la dinámica
demográfica y el estado de salud de las madres y niños,
con el fin de consolidar políticas, diseñar, administrar
y evaluar programas actualmente existentes, y orientar la definición
de una agenda de políticas sociales a mediano plazo. Complementariamente,
conocer y estudiar niveles, tendencias y diferenciales de la fecundidad,
mortalidad infantil y de la niñez; salud sexual y reproductiva;
regulación de la fecundidad; infecciones de transmisión
sexual y SIDA, y otros temas de gran importancia. La ENDEMAIN
2004, agrega información sobre mortalidad materna, antropometría,
violencia contra la mujer, asistencia escolar, uso de servicios
y gastos en salud, y gastos de consumo de los hogares, temas que
marcarán un nuevo hito en la investigación nacional.
Organización
de la encuesta
Dada la magnitud de la investigación y la necesidad de
encontrar el apoyo técnico y financiero adecuado, se conformó
el Comité Técnico de la encuesta y la firma del
Convenio Marco correspondiente, con la participación de
varios organismos auspiciantes de este proyecto, entre los cuales
están: Ministerio de Salud Pública (MSP), Instituto
Nacional de Estadística y Censos (INEC), Agencia para el
Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (USAID), Fondo
Japonés, Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Fondo
de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), Programa Mundial
de Alimentos (PMA), Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
(UNICEF), Fundación Observatorio Social del Ecuador (OSE),
Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (UNIFEM),
y Sistema Integrado de Indicadores Sociales del Ecuador (STFS).
Con el apoyo de la USAID, se consiguió el asesoramiento
técnico de los Centros para el Control de Enfermedades
(CDC) de Atlanta y del Proyecto MEASURE de la Universidad de Carolina
del Norte.
Los roles principales de las instituciones participantes han
sido: apoyar a la encuesta a través de la asesoría
y coordinación con el equipo técnico responsable;
asegurar la calidad y oportunidad necesaria; aportar técnica
y económicamente a su realización; conocer los resultados,
y coadyuvar a la diseminación y uso de los mismos.
Metodología
La ENDEMAIN-2004 es un estudio de cobertura nacional con representatividad
urbana y rural, por regiones y provincias del país, que
recopila información sobre la vivienda y el hogar; composición
y características de sus miembros. En algunos hogares se
realizaron entrevistas individuales a mujeres en edad fértil
de 15 a 49 años de edad y en otros hogares entrevistas
al hogar para recabar información sobre uso de servicios
de salud, gastos en salud y gastos de consumo de los hogares.
Se utilizó como marco muestral el Censo de Población
y Vivienda del 2001 (INEC). La muestra es probabilística,
estratificada y multietápica, de la población civil
no institucional.
La selección de la muestra de la encuesta se realizó
en tres etapas. La primera etapa de selección consistió
en tomar al azar los segmentos de 17 estratos establecidos (regiones
Insular y Amazónica, 10 provincias de la Sierra y 5 de
la Costa). De esta manera, se seleccionaron 692 segmentos, en
los cuales se realizó la actividad de actualización
cartográfica, a fin de garantizar que en cada uno de los
segmentos se tendría la enumeración correcta de
las viviendas. La segunda etapa de selección consistió
en seleccionar 42 viviendas dentro de cada segmento seleccionado
en forma aleatoria. Dentro de estas 42 viviendas, de manera alternada
fueron seleccionadas 24 viviendas para desarrollar el cuestionario
MEF y 18 para diligenciar el cuestionario Hogar. La tercera etapa
de selección, utilizada para las 24 viviendas seleccionadas
para aplicar el cuestionario MEF, consistió en tomar en
forma aleatoria solamente una mujer en edad fértil de 15
a 49 años de edad por cada vivienda.
Características
de las unidades de análisis
Según la ENDEMAIN 2004, el 68 por ciento de las viviendas
en el país son catalogadas como casa o villa, el 14 por
ciento como departamento y el restante 18 por ciento conformado
por: mediagua, cuarto de inquilinato, rancho, choza y de otro
tipo. A nivel nacional, el 63 por ciento de hogares cuenta con
vivienda propia, el 18 por ciento con vivienda cedida, arrendada
el 17 por ciento y alrededor del 2 por ciento con otras formas
de tenencia.
Menos de la mitad de los hogares del país (48%) cuenta
con abastecimiento de agua dentro de la vivienda y excusado conectado
al alcantarillado (44%), así como en un 34 por ciento tienen
la práctica de botar o quemar la basura. Mientras en el
área urbana el 89 por ciento de los hogares dispone de
agua por tubería, sea dentro o fuera de la vivienda, en
la rural el 60 por ciento tiene acceso bajo cualquiera de las
dos formas.
Sólo el 44 por ciento de hogares ecuatorianos posee servicio
higiénico conectado al alcantarillado, 20 por ciento tiene
servicio higiénico conectado a pozo séptico, 25
por ciento a pozo ciego, río, quebrada o tiene una letrina,
y el 11 por ciento no tiene servicio higiénico. Los otros
servicios como alumbrado y teléfono alcanzan coberturas
importantes a nivel nacional. El 96 por ciento de los hogares
ecuatorianos cuenta con servicio eléctrico, el 32 por ciento
con servicio de telefonía convencional y el 31 por ciento
con telefonía celular.
La ENDEMAIN 2004 ratifica que la población ecuatoriana
mantiene un equilibrio por sexo, e identifica al país como
de población eminentemente joven; más de la mitad
de su población es menor de 24 años. El área
rural concentra el mayor número de población joven
(56%). Cerca de la mitad de la población de 6 años
y más de edad tiene nivel de instrucción primaria.
Con nivel secundario se identifica el 30 por ciento de la población
nacional, mayor en el área urbana, Costa e Insular. El
10 por ciento de la población ha completado algún
año de instrucción superior. Según datos
de la encuesta, más de la mitad de los habitantes del área
rural de la Sierra y de la Amazonía, así como las
dos terceras partes del área rural de la Costa, se ubican
en los dos quintiles más pobres.
La quinta parte de las mujeres en edad fértil entrevistadas
son menores de 20 años y la proporción disminuye
hasta el 9 por ciento para mujeres de 45-49 años; así
mismo, un poco más de la mitad son menores de 30 años.
Cerca de la tercera parte son solteras y más de la mitad
están en unión (unidas y casadas). Es evidente el
mejoramiento en el nivel educativo de las mujeres con respecto
a la encuesta de 1999, menores porcentajes de mujeres sin instrucción,
mayores en el nivel secundario y especialmente en el superior.
La auto-declaración de mujeres mestizas llega al 82 por
ciento a nivel nacional. Cerca del 8 por ciento de las mujeres
se auto-declararon indígenas, el 16 por ciento en los sectores
rurales, 13 por ciento en la región Sierra y un mayor porcentaje
en la Amazonía (20%). En el área rural de la Sierra,
casi una de cada cuatro mujeres se auto-declaró como indígena.
El porcentaje de registro de negra como grupo étnico, es
más importante en la Costa (4.6%), por la influencia del
mayor porcentaje de mujeres de esta raza en la provincia de Esmeraldas
(37%).
A nivel nacional, el 85 por ciento de los nacidos vivos son de
mujeres casadas o unidas y un 5 por ciento de madres solteras.
Uno de cada cinco nacimientos son de mujeres menores de 20 años,
dos de cada cuatro de mujeres de 20 a 29 años y uno de
cada cuatro de madres entre 30 y 39 años de edad. Más
de la mitad de los nacidos vivos en los cinco años anteriores
a la encuesta son de mujeres sin instrucción o con nivel
primario. El 54 por ciento de mujeres viven en al área
urbana y su complemento en la rural, pero las primeras aportan
el 45 por ciento de los nacimientos y las segundas el 55 por ciento.
Aquellas mujeres que tienen bajos niveles de escolaridad (ninguno
y primario) representan el 40 por ciento del total y aportan con
más de la mitad de los nacimientos.
Fecundidad
La fecundidad es una de los variables más importantes
para evaluar la tendencia de crecimiento de la población.
En el Ecuador la tasa global de fecundidad, para el período
1999-2004, fue de 3.3 hijos por mujer. Esto representa un descenso
de un nacimiento por mujer desde la TGF de 4.3 en el período
1982-1987, pero es poco apreciable un cambio entre las últimas
tres encuestas ENDEMAIN. La TGF de 3.3 para 1999-2004 es muy semejante
a la TGF de 3.4 para 1994-1999, siendo lento el descenso de las
tasas específicas por edad y ocurre lo contrario con la
tasa específica de fecundidad de las adolescentes, la cual
de 91, calculada para los dos quinquenios anteriores, en el último
período aumenta a 100.
La actual TGF registra importantes diferencias según nivel
de instrucción de las mujeres (diferencia de 3.8 nacidos
vivos entre los extremos) y quintil económico (diferencia
de 3.2 nacidos vivos entre los grupos más pobre y más
rico). Por primera vez, ENDEMAIN-2004 permite medir fecundidad
según grupo étnico, encontrándose un gran
diferencial entre la población auto-identificada como indígena
(4.9 vs. 3.1 nacimientos por mujer).
La edad mediana de la primera relación sexual es 18.7
años, comparado con 20.6 años para la edad de la
primera unión y 21.2 años para la edad del primer
nacimiento. La edad mediana de la primera relación sexual
entre las que tienen educación superior es 5.7 años
mayor que entre quienes no tienen educación formal, 6.2
años mayor para la primera unión y 6.6 años
mayor para el primer nacimiento.
Del total de nacimientos analizados, el 73.1 por ciento ocurrieron
dentro de los cinco años después del nacimiento
anterior. La cuarta parte de los nacimientos ocurrió dentro
de los dos años después del nacimiento anterior
(25.8%), y el 50.8 por ciento ocurrió dentro de tres años,
siendo la mediana del intervalo al nivel nacional de 35 meses.
La duración promedio total del período no susceptible
de embarazo es de 8.4 meses, la duración promedio de amenorrea
de 7.8 meses y la duración promedio de la abstinencia postparto
de 2.3 meses. Las mujeres que residen en áreas rurales
tienen en promedio 3.8 meses más de tiempo postparto no
susceptible al embarazo que las de áreas urbanas.
El 63.6 por ciento de los nacimientos en el período 1999-2004
fue "planeado", el 17.6 por ciento "deseado pero
no previsto" y el 18.7 por ciento "no deseado".
El porcentaje “no deseado” aumenta con la edad y el
orden de nacimiento, y es mayor entre los grupos de menor educación
y del quintil económico más bajo. La TGF deseada
es de 2.6 hijos por mujer, la cual resulta ser un 21 por ciento
menor que la observada (3.3 hijos por mujer). La TGF deseada es
mayor en áreas rurales que en urbanas (3.1 contra 2.3)
y es de un nacimiento mayor para mujeres indígenas que
para mestizas (3.5 contra 2.5).
Planificación
familiar
En el Ecuador, el 96.0 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años
de edad ha oído hablar de al menos un método anticonceptivo
y el 95.5 por ciento de un método moderno. Los métodos
más conocidos son las pastillas, la esterilización
femenina, los condones, el DIU y la inyección. El nivel
de conocimiento de al menos un método anticonceptivo varía
del 97.8 por ciento entre la población mestiza al 74.9
por ciento entre la indígena. A mayor nivel de instrucción
y nivel económico de las mujeres, es mayor la proporción
que tiene conocimiento de los métodos.
La prevalencia de uso de métodos anticonceptivos en mujeres
casadas o unidas, tenía un valor de 33.6 por ciento en
la encuesta ENF de 1979 y en la ENDEMAIN 2004 alcanza 72.7 por
ciento, un incremento de más del doble en los últimos
25 años. De la cifra actual, el 59 por ciento corresponde
a métodos modernos y un 14 por ciento a los tradicionales
de menor eficacia (ritmo y retiro). La esterilización femenina
ocupa el primer lugar como preferencia de uso con el 24 por ciento.
En el área urbana el uso es del 76.6 por ciento y en la
rural del 67.1 por ciento. El uso más bajo corresponde
a mujeres en unión de 15 a 19 años de edad (56.1%),
pero aumenta rápidamente al 80.5 por ciento entre aquellas
de 30 a 34 años de edad. En la medida que aumenta el nivel
de instrucción formal, también aumenta la prevalencia
de uso de anticonceptivos, pasando del 51.0 por ciento entre mujeres
sin educación formal al 79.9 por ciento entre aquellas
con instrucción superior.
Las tres fuentes más importantes para la obtención
de métodos anticonceptivos modernos son el Ministerio de
Salud Pública (MSP), las farmacias particulares y las clínicas
o consultorios médicos privados, las cuales brindan servicios
de anticoncepción al 82 por ciento de las usuarias. El
MSP es la fuente principal en el área rural y en la Sierra,
Amazonía e Insular; es así mismo la principal fuente
para la esterilización femenina y el DIU. La principal
fuente de métodos modernos en el país es el sector
privado con el 63.3 por ciento de la oferta. El sector público
provee el 35.6 por ciento de métodos, su principal oferente
sigue siendo el MSP.
Mujeres que no
usan anticonceptivos
El 27.3 por ciento de las mujeres en unión de 15 a 49
años de edad no estaba usando un método anticonceptivo
en los 30 días previos a la entrevista. El porcentaje que
nunca ha usado varía del 5.9 por ciento entre mujeres del
área urbana al 17.4 por ciento en la rural. El porcentaje
que nunca ha usado un método es casi 5 veces mayor en la
población indígena comparado con la población
mestiza, y es mayor entre aquellas que no tienen hijos vivos y
entre las sin educación formal.
A nivel nacional, el 48.3 por ciento de las mujeres desea usar
anticonceptivos, el 10.3 por ciento en el presente y el 38.0 por
ciento en el futuro. El deseo de usar es mayor entre quienes no
tienen o tienen sólo un hijo, en comparación con
las que tienen 2 ó más hijos. Los métodos
con mayor demanda potencial son la inyección y la esterilización
femenina.
Al hacer la estimación del indicador de mujeres que necesitan
los servicios de planificación familiar, es decir, de mujeres
fecundas, que no están embarazadas ni desean estarlo y
que tienen el riesgo de un embarazo por no estar usando algún
método anticonceptivo, el mismo es del 5.0 por ciento,
el cual varía del 1.2 por ciento en mujeres solteras al
7.4 por ciento entre mujeres en unión. La mayor necesidad
de servicios de planificación familiar se encuentra entre
mujeres del área rural, mujeres en unión, indígenas
y las sin educación formal.
Salud Materna
En la ENDEMAIN-1994 se presentaron estimaciones sobre la razón
de mortalidad materna por no contar con otra fuente de datos que
midiera la mortalidad materna del país. Con este propósito,
también en la ENDEMAIN-2004 se incluyó el módulo
para recolectar la información básica que requiere
la metodología de la “hermana viva.” Aunque
la muestra es suficientemente grande para estudiar la mayoría
de indicadores de la salud reproductiva, no resulta ser suficiente
para medir los cambios en la razón de mortalidad materna.
El valor estimado para la razón de mortalidad materna bajó
de 159 para el período 1988-1994 a 107 para el período
1994-2004, sin embargo, este cambio no es estadísticamente
significativo.
Para los niños nacidos vivos en el período de julio
de 1999 a junio de 2004, en el 84.2 por ciento de los casos, las
madres tuvieron al menos un control prenatal. Para el 64.6 por
ciento, el primer control prenatal fue en las 12 semanas de embarazo,
varía del 74.7 por ciento en el área urbana al 52.8
por ciento en la rural, asciende del 35.5 por ciento entre nacimientos
de madres que no tienen educación formal, al 88.1 por ciento
entre aquellos de madres con instrucción superior. Sólo
el 33.2 por ciento de nacidos vivos de madres indígenas
recibió su primer control durante el primer trimestre.
El 57.5 por ciento recibió 5 controles, varía del
70.7 por ciento en el área urbana al 41.9 por ciento en
la rural. El porcentaje que recibió 5 ó más
controles asciende del 21.9 por ciento entre mujeres sin educación
formal al 87.6 por ciento entre aquellas con instrucción
superior. Para el 52.0 por ciento de los niños se brindó
un control prenatal más integral, por haberse inscrito
durante el primer trimestre de embarazo y haber tenido al menos
5 controles. El cumplimiento de ambas condiciones varía
del 64.6 por ciento en el área urbana al 37.0 por ciento
en la rural.
Del total de nacimientos para los cuales las madres tuvieron
al menos un control prenatal, el 63.5 por ciento recibió
el control en los establecimientos del MSP y el 22.3 por ciento
en clínicas o de médicos privados. El MSP es la
fuente principal para la mayoría de la población
indígena que tuvo al menos un control prenatal.
El 74.2 por ciento de los partos tuvieron atención profesional,
la cifra cambia del 88.6 por ciento en el área urbana al
57.1 por ciento en la rural. De los partos clasificados como “en
casa” (23.8%), el 12.7 por ciento fue atendido por una partera,
especialmente en el área rural (21%). La atención
profesional del parto sube del 36.7 por ciento en el grupo sin
educación formal al 93.7 por ciento en el de instrucción
superior. Del total de partos de mujeres indígenas, sólo
el 30.1 por ciento tuvo atención profesional.
La tasa general de cesáreas informada es de 25.8 por ciento.
Este indicador se lo podría considerar relativamente alto,
estas intervenciones quirúrgicas son más frecuentes
en el área urbana (34.0%) que en la rural (16.1%). Las
mujeres con instrucción superior tienen la tasa más
alta (49.1%), casi cinco veces a la de mujeres sin educación
formal. Las tasas más elevadas se encuentran en establecimientos
del IESS (50.0%) y en las clínicas, hospitales y médicos
privados (49.8%).
Entre los servicios de salud materna investigados, el control
postparto es el menos utilizado en el Ecuador, en el sentido que
sólo el 36.2 por ciento recibió al menos un control.
Esta cifra cambia del 44.4 por ciento en el área urbana
al 26.4 por ciento en la rural. Sólo el 24.9 por ciento
recibió el primer control antes de cumplir los 41 días
posteriores al parto. La proporción que tuvo el primer
control en el transcurso de los primeros 40 días cambia
del 29.4 por ciento en el área urbana al 19.5 por ciento
en la rural. El MSP se constituye en la fuente de control postparto
para el 52.9 por ciento de las puérperas.
El 74.8 por ciento de mujeres de 15 a 49 años había
recibido al menos una dosis de TT, y el 25.0 por ciento 3 ó
más. El grupo de mujeres con la probabilidad de contar
con al menos una dosis de TT tiende a disminuir con la edad y
el número de embarazos. El 39.2 por ciento de la población
indígena no recibió vacuna alguna.
Sólo el 34.7 por ciento de mujeres reportó haber
recibido información sobre cáncer del útero.
Del total de mujeres de 15 a 49 años de edad con experiencia
sexual, el 64.3 por ciento reportó que al menos en una
oportunidad ha hecho uso del servicio de citología vaginal,
proporción que varía del 71.7 por ciento entre mujeres
del área urbana al 52.6 por ciento en la rural.
El 71.7 por ciento de mujeres de 15 a 49 años respondió
que ha oído hablar del cáncer de mama, cifra que
asciende al 81.6 por ciento entre mujeres del área urbana
y baja al 56.3 por ciento en la rural. Se evidencia que el conocimiento
es muy bajo entre mujeres indígenas y en las sin educación
formal. Sólo el 7.2 por ciento de las mujeres de 15 a 49
años de edad contestó haberse hecho alguna vez el
examen de mamografía.
Factores que influyen
en la búsqueda de atención para el parto y las complicaciones
obstétricas
A nivel nacional, “Factores económicos” es
la razón principal por la que las entrevistadas con nacidos
vivos a partir de enero del 2002, seleccionaron el establecimiento
de salud en el cual dieron a luz. Este factor fue expresado por
34.4 por ciento de las mujeres encuestadas. El factor “Confianza
con el personal de salud o con el establecimiento”, fue
expresado por un 23.2 por ciento de las encuestadas. La “Atención
de emergencia”, “Seguridad en caso de una complicación”,
y “Personal capacitado o experimentado”, fueron manifestados
como criterios de selección por un 34.5 por ciento.
La Ley de Maternidad Gratuita y Atención a la Infancia
(LMGYAI) de Ecuador garantiza a toda mujer ecuatoriana “Una
atención básica y gratuita de salud, orientada a
la reducción de la mortalidad materno-infantil”.
Esta ley comprende la prestación de servicios “Gratuitos
y de calidad” durante el embarazo, el parto y el posparto,
a través de los establecimientos del MSP. En este contexto,
la cifra más sobresaliente en cuanto a gastos durante el
parto es que el 28.0 por ciento de las mujeres atendidas por el
MSP reporta haber pagado la atención, el 26.1 por ciento
haber tenido que comprar insumos o medicamentos y el 44.7 por
ciento no haber tenido que hacer ningún gasto, lo cual
señala que esta Ley todavía no se cumple en la mayoría
de los casos.
Entre las encuestadas que dieron a luz en casa a su último
hijo(a), la primera razón manifestada para ello fue “Por
costumbre”, mencionada por un 37.4 por ciento de las parturientas.
Esta respuesta se evidencia más frecuentemente en las áreas
rurales y en la Sierra. El 29.0 por ciento se refirió a
“Factores económicos”, y por el 25.8 por ciento
a la existencia de “Barreras para llegar” al establecimiento
de salud, o físicas o sociales. Casi igual importancia
tiene un “Mal concepto del establecimiento”, lo cual
opina un 24.6 por ciento de las encuestadas. Una minoría
(10.5%) asevera sentir “Más seguridad y confianza
en casa”. Entre las encuestadas con partos domiciliarios,
la mayoría fue atendida por parteras tradicionales (47.0%)
o por familiares (43.0%). Una notable proporción (7.3%)
reporta haberse atendido por si sola.
Tres de cada cuatro mujeres que afirmaron haber identificado
algún problema grave durante el embarazo, reportan haber
acudido en primera instancia a un establecimiento de salud o recurren
a personal de salud, ya sea dentro o fuera de su casa. Esta proporción
se presenta mayormente en mujeres que residen en el área
urbana con un 82.6 por ciento. La segunda opción al momento
de percibir un problema de salud es quedarse en casa y/o usar
remedios caseros (16.5%). Esta alternativa está asociada
íntimamente con el nivel educativo y económico de
la madre.
En cuanto a complicaciones percibidas durante el parto, la principal
alternativa manejada por las mujeres que tuvieron su último
parto en casa, es la de quedarse en casa y/o usar remedios caseros,
en un 45.7 por ciento; en segunda instancia, acudir a un personal
tradicional (31.2%). Menos de 10 por ciento que percibió
una complicación durante un parto domiciliario acudió
en primera instancia a un establecimiento de salud. En áreas
rurales el porcentaje desciende a sólo el 7.3 por ciento,
y baja aún más en mujeres indígenas y analfabetas.
Mortalidad Infantil
y en la Niñez
La tasa de mortalidad infantil estimada para el período
de 5 años entre julio de 1999 y junio de 2004 es de 29
muertes por mil nacidos vivos, casi igual a la tasa estimada para
los 5 años previos a la ENDEMAIN-1999. La mortalidad neonatal
y postneonatal también se mantuvieron casi a los mismos
niveles registrados por la encuesta anterior. La estabilidad en
el nivel de mortalidad en los últimos 5 años interrumpe
la tendencia de las últimas 4 encuestas entre 1987 y 1999
cuando la mortalidad infantil descendió de 58 a 30 muertes
infantiles por 1.000 nacidos vivos.
Entre las dos últimas encuestas la mortalidad en la niñez
se redujo de 9 a 5 muertes por cada 1.000 niños(as) que
sobrevivieron su primer año de vida, continuando la tendencia
entre 1987 y 1999 cuando esta tasa bajó de 25 a 9 muertes
por 1.000. La mortalidad en áreas rurales mantiene su reducción
de 52 entre 1989-1994 a 32 entre 1999-2004, pero no hay un cambio
en la mortalidad para áreas urbanas y posiblemente ha subido
en los últimos 5 años de 22 a 28, dato que no tiene
diferencia significativa. Las regiones Sierra y Costa mantienen
sus tasas a casi el mismo nivel en las encuesta de 1999 y 2004
(de 26 a 27 en la Costa y de 34 a 35 en la Sierra).
La mortalidad en todas las edades menores de 5 años es
mayor para hijos(as) de madres indígenas que de mestizas
y lo es también para hijos(as) de madres sin instrucción.
Casi no se observa una diferencia en mortalidad infantil según
el quintil económico de los hogares, y la diferencia no
es muy pronunciada para mortalidad en la niñez. Los valores
en la mortalidad postneonatal son notables también en hijos(as)
de madres indígenas y de sin instrucción. Lo más
sorprendente es la diferencia en mortalidad infantil para hombres
y mujeres (34 contra 25). La mortalidad es mayor para hijos(as)
de madres de menor y mayor edad (36 si tiene menos de 20 años
y 74 si tiene 40 o más años) y para niños(as)
cuyo orden de nacimiento es mayor (49 si es orden 7 ó más).
Como se ha observado respecto a la fecundidad, no se evidencian
cambios en la misma en los últimos 5 años, por lo
que no deben esperarse reducciones en mortalidad infantil basados
en estos factores.
La tasa de mortalidad perinatal es de 28 por mil partos, los
nacidos muertos representan el 53.6 por ciento de dicha estimación.
La tasa de mortalidad neonatal temprana de 13 (0 a 7 días)
representa el 76.5 por ciento de la tasa de mortalidad neonatal
(17 por mil), lo que indica la importancia de la mortalidad neonatal
temprana como componente de la mortalidad infantil. El menor riesgo
de muerte perinatal se observa en madres menores de 30 años
y el mayor en las de 30 ó más años.
Lactancia materna
y nutrición
En el Ecuador la lactancia materna es una práctica generalizada,
ya que se inicia en el 96.7 por ciento de los recién nacidos.
La proporción de madres que inician la lactancia durante
la primera hora es mayor en la Sierra que en la Costa. Las mujeres
más pobres tienden a iniciar más temprano la lactancia
que mujeres de los quintiles más altos. El 41.2 por ciento
de madres recibió consejería sobre lactancia materna,
proporción que varía entre 48.3 por ciento en áreas
urbanas y 31.8 por ciento en rurales.
La duración promedio de la lactancia materna total es
de 16.2 meses. La lactancia completa (lactancia materna junto
con otros líquidos pero sin el uso de otras leches), tiene
una duración promedio de 4.1 meses y la lactancia exclusiva
(lactancia materna sin el uso de otras leches ni otros alimentos),
es de 2.7 meses. La duración de lactancia total, completa
y exclusiva, es más alta en el área rural que en
la urbana, particularmente mayor en la Sierra que en la Costa.
Las madres indígenas exhiben una mayor duración
en los tres tipos de lactancia materna.
El 4.3 por ciento de los niños menores de seis meses no
está recibiendo leche materna. Sólo el 39.6 por
ciento de los niños menores de seis meses reciben lactancia
exclusiva; ésta es más frecuente en el área
rural, para los de madres del quintil más bajo y para los
niños de madres que no trabajan. El porcentaje que recibe
lactancia exclusiva es mucho mayor en la Sierra que en la Costa,
y más que el doble para niños de madres indígenas
que para aquellos de madres mestizas.
La complementación alimentaria a la lactancia ocurre más
temprano que lo recomendado. El 18.4 por ciento de los niños
menores de seis meses de edad recibe lactancia predominante (consumo
de agua u otros líquidos, excluyendo otras leches). Al
acumular estos porcentajes con los de la lactancia exclusiva,
el 58.0 por ciento de los menores de seis meses de edad reciben
lactancia completa, el resto no está siendo lactado o recibe
otros alimentos no recomendados para los niños en esas
edades.
La OMS recomienda que, de ser posible, la lactancia continúe
al menos hasta que el niño(a) cumpla dos años de
edad. Entre los niños de 12 a 15 meses de edad, el 62.0
por ciento está siendo lactado con cualquier tipo de lactancia
y el 22.7 por ciento entre los que tienen de 20 a 23 meses de
edad.
Esta es la primera encuesta ENDEMAIN que incluye una clasificación
del estado nutricional de los niños y las madres, basado
en mediciones antropométricas de peso y talla. Esta información
permite calcular tasas de desnutrición basadas en comparaciones
con valores internacionales de referencia. En cuanto a la relación
de talla por edad por debajo de –2.0 DE (desviación
estándar) que representa un retardo en la estatura (desnutrición
crónica), el valor observado a nivel nacional es de 23.2
por ciento. Dentro de este grupo, el 5.9 por ciento cae por debajo
de –3.0 DE en la población de referencia, clasificado
con desnutrición crónica severa. La desnutrición
crónica en el área rural (30.7%), es mucho más
alta que en la urbana (17.0%) y el indicador de la región
Sierra (32.0%) es casi el doble que el de la Costa (15.7%). La
desnutrición de los niños cuyas madres no tienen
educación formal es más de tres veces (38.1%) que
la estimada para los niños de madres con instrucción
superior. El porcentaje para el quintil económico bajo
(30.0%) es casi tres veces el valor del quintil alto (11.4%).
El porcentaje para hijos(as) de madres indígenas (46.7%)
es mucho mayor que para los otros grupos étnicos, los cuales
varían entre 14.0 y 21.2 por ciento.
El indicador peso para la edad caracteriza la desnutrición
global (bajo peso). Los resultados muestran que en el Ecuador,
el 9.4 por ciento de los niños(as) menores de cinco años
presentan bajo peso para su edad y el 1.3 por ciento está
clasificado como desnutrición global severa. Las diferencias
ya mencionadas para desnutrición crónica se repiten
para desnutrición global, pero los diferenciales no son
tan pronunciados. El indicador bajo peso para talla caracteriza
a la desnutrición aguda. Sólo el 1.7 por ciento
de los niños(as) menores de cinco años de edad tiene
un valor de peso para talla que está por debajo de –2.0
DE, porcentaje que es menor al esperado en la población
de referencia (2.3%), lo cual refleja que no existe mayor problema
de emaciación en el país.
De acuerdo con el indicador “Índice de masa corporal”
de las madres, no se observa mayor problema de bajo peso (1.9%),
pero el 40.4 por ciento de madres estaban clasificadas con sobrepeso
y otro 14.6 por ciento como obesas, de modo que 55.0 por ciento
tiene un peso más que normal para su talla. La estatura
promedio de las mujeres con hijos menores de cinco años
es de 151.2 centímetros. El 13.8 por ciento de mujeres
tienen una estatura menor de 145 cm. (considerando 145 cm. como
valor crítico), problema que es más frecuente en
la Sierra que en la Costa. Hay evidencia que las cohortes de mujeres
nacidas más recientemente son más altas que las
cohortes nacidas en el pasado.
Salud del niño(a)
Según las normas del MSP, el primer control del niño
debe realizarse durante el transcurso del primer mes de vida y
mantenerse periódicamente hasta cumplir los 5 años
de edad. El 93.6 por ciento de niños fue llevado para el
control por lo menos en una oportunidad. El cumplimiento de esta
norma varía del 50.1 por ciento en el área urbana
al 39.6 por ciento en la rural. El 35.8 por ciento de niños
del nivel económico bajo es llevado en el trascurso del
primer mes de vida, cifra que asciende al 60.0 por ciento entre
quienes pertenecen al nivel alto. Sólo el 29.0 por ciento
de niños de población indígena concurren
a su primer control durante el primer mes de vida. Los establecimientos
del MSP son la principal fuente de atención del primer
control de recién nacido.
El 21.7 por ciento de los niños menores de 5 años
de edad había tenido diarrea durante las dos semanas previas
a la entrevista. La prevalencia en el área rural es un
poco mayor que en la urbana. El 91.4 por ciento de los niños
que tuvieron diarrea recibió alguna forma de tratamiento.
El 30.7 por ciento de los niños recibió suero oral
y el 26.5 por ciento suero casero.
El 42.3 por ciento de los niños menores de 5 años
de edad tuvo infección respiratoria durante las últimas
dos semanas previas a la entrevista. El porcentaje cambia del
45.7 por ciento en el área urbana al 38.3 por ciento en
la rural. Del total de niños que tuvieron infección
respiratoria, la misma duró en promedio 7.3 días,
lo cual puede identificarse como una infección respiratoria
aguda. El 89.4 por ciento de las madres hizo algo para aliviar
o curar la infección respiratoria y otro 58.3 por ciento
consultó con alguien sobre la infección de su niño.
Sólo el 63.7 por ciento de las madres de niños
menores de 5 años tenía o podía mostrar el
Carné de Salud Infantil al momento de la entrevista. Este
porcentaje es ligeramente mayor en el área urbana que en
la rural. La tenencia del carné disminuye a medida que
aumenta la edad de la madre o del niño. El grupo de madres
sin educación formal presenta la menor proporción
de posesión del carné. Se puede afirmar que el carné
no está siendo usado para los propósitos que fue
diseñado.
Hasta la ENDEMAIN 1999 se mantuvo como criterio que un niño
tenía el esquema completo de vacunación con BCG
y sarampión cuando le habían aplicado una dosis,
y para polio y DPT cuando le habían aplicado 3 dosis. Para
la ENDEMAIN 2004 el criterio incluye la pentavalente, en combinación
o sustitución de la DPT, y la SRP o la SR, en reemplazo
de la vacuna contra el sarampión. Con respecto a la BCG,
los resultados de ENDEMAIN 2004 indican que del total de niños
de 12 a 23 meses de edad, el 96.7 por ciento ha recibido al menos
una dosis, y el 74.6 por ciento las 3 dosis de DPT / pentavalente.
Sólo el 52.1 por ciento de los niños de la población
indígena tiene inmunización completa de DPT / pentavalente.
El 71.8 por ciento de niños de 12 a 23 meses de edad ha
recibido las tres dosis de la vacuna oral contra la poliomielitis.
Las coberturas de vacunación con SRP, SR o la del sarampión
es de sólo el 65.9 por ciento. Sólo el 38.0 por
ciento de los niños de madres indígenas está
vacunado contra el sarampión.
Del total de niños de 12 a 23 meses, sólo el 53.5
por ciento tiene en conjunto los esquemas de vacunación
completos de acuerdo a su edad. La relativamente baja cobertura
de sarampión hace que este indicador también resulte
bajo. La cobertura de las 4 vacunas no presenta mayor variación
atendiendo al sexo del niño, pero hay diferencias notables
según lugar de residencia, y nivel educativo y económico
de la madre.
Actividad sexual
y salud reproductiva en mujeres de 15 a 24 años de edad
(adolescentes y jóvenes)
La mayoría de mujeres de 15 a 24 años de edad tuvo
la menarquia entre los 12 y 13 años de edad, siendo la
edad promedio de 12.9 años. Entre las mujeres que han menstruado,
la mayoría conocía sobre la menstruación
al momento en que este evento ocurrió, siendo la madre
la principal fuente de información sobre qué es
la menstruación o regla.
El 81.6 por ciento de mujeres de 15 a 24 años ha recibido
alguna información sobre temas de sexualidad, cifra que
varía de 91.4 por ciento en el área urbana al 67.6
por ciento en la rural. La población indígena presenta
una menor probabilidad de recibir información, con cifras
muy bajas sobre el “VIH/SIDA” y los “métodos
anticonceptivos”.
Del total de mujeres adolescentes y jóvenes, el 46.7 por
ciento ya ha tenido relaciones sexuales. La población indígena
declara en menor proporción haber tenido experiencia sexual
(43.7%). De las mujeres que han tenido relaciones sexuales, el
37.2 por ciento declaró que la primera relación
sexual fue premarital. El 56.7 por ciento de mujeres sin instrucción
ha tenido relaciones sexuales premaritales. Las mujeres del nivel
más pobre, muestran un mayor riesgo de tener relaciones
sexuales premaritales que las del nivel más rico. Para
el área rural la edad mediana a la primera relación
sexual es 18.7 años y 19.3 años en la urbana.
De las mujeres de 15 a 24 años de edad con experiencia
sexual, el 13.5 por ciento declaró haber usado un método
anticonceptivo en su primera relación sexual, siendo su
uso menor en el área rural, en la población indígena
y en mujeres con menor instrucción. Sólo el 7.1
por ciento de mujeres cuya relación sexual fue antes de
los 15 años usó algún método. El uso
de métodos es mayor cuando la relación fue premarital
que cuando fue marital.
El 38.9 por ciento de adolescentes y jóvenes ha tenido
al menos un embarazo, el 22.0 por ciento clasificado como marital
y el 16.9 por ciento como premarital. La proporción de
mujeres alguna vez embarazada es más alta en el área
rural. La proporción de mujeres con al menos un embarazo
varía del 67.8 por ciento en mujeres sin instrucción
formal al 24.0 por ciento en las del nivel superior.
La frecuencia de embarazos premaritales es mayor en mujeres separadas,
viudas o divorciadas (44.3%) que en las actualmente casadas o
unidas (30.6%). Con excepción de las mujeres de 15 años,
las madres solteras, las mujeres con instrucción superior
y las de nivel económico más alto, la proporción
de mujeres con embarazo marital es mayor que la de embarazos premaritales.
Cuando la mujer quedó embarazada por primera vez, el 45.3
por ciento “no estudiaba, ni trabajaba”, el 23.5 por
ciento “sólo estudiaba” y el 25.9 por ciento
“sólo trabajaba”. La condición de “sólo
estudiaba”, es más alta en el área urbana;
cuando “sólo trabajaba” tiene valores más
elevados en el área rural y en la Sierra y en las del grupo
indígena. La gran mayoría de mujeres no era estudiante
en el momento de quedar embarazadas (71.2%). Entre las mujeres
que eran estudiantes cuando supieron de su primer embarazo, más
de la mitad interrumpió sus estudios y la tercera parte
dejó de trabajar.
Violencia contra
la mujer
Del total de mujeres de 15 a 49 años de edad, un 42 por
ciento había observado alguna forma de violencia entre
sus padres; el 35.9 por ciento observó maltratos físicos
cuando ellas eran menores de 15 años de edad, y un 39.6
por ciento fue testigo de violencia psicológica. El 31
por ciento declaró haber recibido algún tipo de
maltrato, 28 por ciento físico y 25 por ciento psicológico.
Las tasas mas altas de violencia se encuentran entre mujeres indígenas
y en mujeres con baja escolaridad. Las personas responsables del
maltrato físico y/o psicológico durante su niñez
fueron en su mayoría las madres y los padres, hermanos
o hermanas.
Durante toda la vida, el 41 por ciento de las mujeres alguna
vez casadas o unidas reportó que había recibido
maltratos verbales o psicológicos, el 31 por ciento violencia
física, y el 12 por ciento violencia sexual por parte de
alguna pareja o ex-pareja. Los porcentajes de mujeres que reportaron
estos tres tipos de violencia en los últimos 12 meses,
fueron: violencia verbal/psicológica 15 por ciento, violencia
física 10 por ciento, y violencia sexual 4 por ciento.
No se observan diferencias significativas según área
de residencia.
El marido o compañero actual fue nombrado como el responsable
de la violencia en alrededor de 80 por ciento de casos. En toda
la vida, el 14 por ciento de mujeres reportó sólo
violencia verbal, 17 por ciento verbal y física, y 9 por
ciento verbal, física y sexual. En total, el 46 por ciento
de mujeres alguna vez casadas o unidas sufrieron por lo menos
uno de los tres tipo de violencia. En el último año,
el 18 por ciento de mujeres sufrió alguno de los tres tipos
de violencia.
Del total de mujeres que reportó al menos un acto de violencia
física o sexual en los últimos 12 meses, el 21 por
ciento no mencionó ninguna consecuencia de la violencia
de pareja y el 46 por ciento respondió haber buscado ayuda.
El buscar ayuda es menos común entre mujeres indígenas,
las de mayor edad, y las ubicadas en el quintil económico
más bajo.
Casi el 10 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de
edad reportó que en el transcurso de su vida había
experimentado alguna forma de violencia sexual, el 7 por ciento
que fue violada (con penetración) y el 4 por ciento alguna
situación de abuso sexual (sin penetración). Estas
formas de violencia sexual son más frecuentes en mujeres
con residencia urbana, divorciadas, separadas o viudas, mujeres
de 35 a 39 años de edad, y mujeres con bajos niveles de
instrucción y en difícil situación económica.
En la mayoría, en ambos casos de violencia sexual, los
responsables resultaron ser personas conocidas: 86 por ciento
en la violación y 81 por ciento en el abuso sexual.
El porcentaje de mujeres que reportó el primer abuso sexual
(sin penetración) a una edad menor de los 15 años
(42%), fue mayor que el porcentaje que reportó la primera
violación antes de esa edad (23%). Para el 7 por ciento
de las mujeres violadas, la primera vez ocurrió cuando
tenían menos de diez años de edad, y para el 16
por ciento cuando tenían entre 10 a 14 años.
Infecciones
de transmisión sexual y VIH/SIDA
Excluyendo el VIH/SIDA, existe un alto desconocimiento de la
mayoría de las otras ITS. La ITS más reconocida
es la gonorrea, seguida por la sífilis. En general, el
conocimiento de las ITS es bajo entre mujeres de 15 a 24 años
de edad y en indígenas. Al nivel nacional, el 91.2 por
ciento de las mujeres reconoce la existencia del SIDA, pero sólo
el 62.5 por ciento de ellas lo mencionó en forma espontánea.
El conocimiento espontáneo del SIDA es más alto
entre mujeres que viven en el área urbana (73.1%), en mujeres
solteras (67.0%) y mujeres sin experiencia sexual (67.9%). Sólo
el 75.1 por ciento de mujeres sabe que una persona puede estar
contagiada con el VIH y no presentar signos o síntomas
y poco más del 82 por ciento sabe que no existe curación
para el SIDA.
El 22.5 por ciento de mujeres no mencionó alguna forma
de prevención y sólo el 40.3 por ciento mencionó
dos o más formas para evitar el contagio. El conocimiento
de dos o más formas es mayor en el área urbana que
en la rural. Entre mujeres indígenas el conocimiento es
de sólo del 18.1 por ciento. Las tres principales formas
de prevención más frecuentemente mencionadas en
forma espontánea fueron: uso de condones (51.9%), monogamia
(31.4%) y la abstinencia (17.1%). Sólo el 8.5 por ciento
de mujeres mencionó espontáneamente las tres formas
en conjunto.
A nivel nacional, el 65.9 por ciento de las mujeres de 15 a 49
años de edad ha oído hablar de la prueba del VIH,
el 44.2 por ciento sabe donde la hacen y el 13.6 por ciento se
ha realizado la prueba. El porcentaje de mujeres del área
urbana que se ha hecho la prueba en alguna oportunidad es casi
tres veces mayor que en el área rural y pasa del 8.4 por
ciento entre mujeres sin instrucción al 32.3 por ciento
entre aquellas con instrucción superior.
El 71.1 por ciento de mujeres estaría dispuesta a recibir
y cuidar en su casa un pariente enfermo de SIDA, el 58.1 por ciento
aceptaría que una profesora infectada por el VIH, aunque
no se vea enferma, siga dando clases, y el 48.3 por ciento estaría
dispuesta a comprar verduras o alimentos a un vendedor con SIDA.
También el 54.6 por ciento informó que sería
aceptable que niños o niñas infectados con el virus
del SIDA asistan a la misma escuela o colegio donde van los niños
y niñas de su familia.
El 59.5 por ciento de las mujeres considera que no tiene riesgo
personal de adquirir el VIH/SIDA y el 28.2 por ciento cree que
si lo tiene. Las mayores proporciones de mujeres que consideran
que tienen riesgo personal de adquirir el VIH/SIDA viven en el
área urbana, son separadas, divorciadas o viudas, tienen
45 a 49 años de edad, con instrucción superior y
son clasificados ser del nivel económico alto.
El 42.5 por ciento de las mujeres sexualmente activas usaría
los condones si su pareja lo propusiera, entre ellas sobresalen
las solteras, las que tienen instrucción superior, las
del nivel económico alto y las que viven en el área
urbana. Llama la atención que sólo el 47.5 por ciento
de las mujeres que perciben tener algún riesgo de contraer
el VIH estaría dispuesta a usar el condón si la
pareja sexual lo propone.
Asistencia
escolar de niños(as) de 6 a 14 años de edad en el
año lectivo 2003/2004
El 66.4 por ciento de los niños(as) de 5 a 14 años
de edad había asistido alguna vez al Kinder. El 72.3 por
ciento de las niñas y niños con 5 a 9 años
de edad ha asistido alguna vez al Kinder, comparado con solamente
el 59.4 por ciento en el grupo de 10 a 14 años.
Del total de niños de 6 a 14 años de edad, el 80.0
por ciento asiste al grado esperado o a uno superior; por diferencia,
el 20.0 por ciento ha experimentado al menos una de las tres barreras
para su desarrollo normal dentro del sistema educativo (entran
tarde al sistema, lo abandonan, o no progresan de grado a grado
como se espera). El abandono escolar es más crítico
a partir de los 11 años de edad, subiendo rápidamente
de 9.3 por ciento en los de 11 años de edad al 26.9 por
ciento en los de 14 años. En el año lectivo 2003/2004,
el 10.4 por ciento de niños(as) asistía a un grado
inferior al esperado para su edad. Este porcentaje es más
alto entre niños(as) de 14 años de edad.
Solamente el 8.0 por ciento de niños(as) que entraron
de 6 años de edad ha abandonado la escuela, en comparación
con el 23.1 por ciento para quienes entraron con 8 ó más
años de edad. El ingreso temprano al primer grado (antes
de los 6 años cumplidos), es bastante común en el
Ecuador. Del total de niños(as) de 6 a 14 años,
el 21.8 por ciento entró al primer grado antes de cumplir
6 años de edad, aún en grupos con más desventajas
sociales y económicas.
A nivel nacional, el 8.5 por ciento estaba repitiendo el grado
al que asistió en 2003/2004. Esta cifra varía según
edad cuando comenzó el primer grado, número de hermanos
que tiene, tipo de escuela, quintil económico y nivel de
instrucción de la madre. La repetición era especialmente
común para los que comenzaron con 8 ó más
años de edad (22.5%) y para los que tienen 7 ó más
hermanos (16.9%).
El grado en que la mayor parte de estudiantes abandonan el sistema
educativo es después de completar el sexto grado. El 65.9
por ciento de los que terminaron sus estudios lo hizo después
de aprobar el sexto grado (séptimo de básica). Este
porcentaje sube al 71.6 por ciento en la Sierra y baja al 60.2
por ciento en la Costa, y 56.3 por ciento en la Amazonía.
Uso de
servicios de salud
En el Ecuador, el 80.8 por ciento de la población no tiene
ningún seguro de salud. Sólo el 19.2 por ciento
está afiliada a un seguro. De esta proporción, el
7.5 por ciento está cubierta por el seguro general del
Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), y el 7.7 por
ciento por el Seguro Social Campesino (SSC). En conjunto, la gran
mayoría de la población asegurada está cubierta
por el IESS y/o SSC, cobertura que representa solamente el 16.5
por ciento de la población total. El porcentaje de personas
que está asegurada es mayor en el área rural (20.5%)
que en la urbana (18.2%). La probabilidad de estar afiliado(a)
a un seguro es mayor en la Sierra que en la Costa (23.4% contra
14.4%). La gran mayoría de la población ecuatoriana
se halla sin cobertura de seguro de salud.
Cerca de la mitad de la población encuestada percibió
que se encontraba enferma o que había tenido algún
problema de salud durante los 30 días previos a la entrevista.
Las personas que viven en el área urbana percibieron en
mayor proporción tener problemas de salud que las del área
rural (51.0% contra 46.8%). Las mujeres manifiestan problemas
de salud en mayor medida que los hombres (51.8% contra 46.6%),
son particularmente elevados en menores de cinco años (60.4%)
y en los mayores de 74 años (76.4%).
Para el 24.8 por ciento de los residentes habituales de los hogares
entrevistados, se reportó algún problema respiratorio,
en un distante segundo lugar se encuentran los problemas crónicos
(6.7%), seguido por problemas digestivos o vómitos (5.9%)
y problemas de nervios o musculares (4.7%), principalmente.
El 41.9 por ciento de las personas que tuvieron al menos un problema
de salud buscaron atención con visita a un agente de salud
y el 47.8 por ciento se automedicó. El uso de la automedicación
tiene relación inversa con el nivel económico y
es particularmente alta en grupos indígenas. El 15.3 por
ciento de la población con al menos un problema de salud
siguió el tratamiento recomendado por el médico
y el 8.4 por ciento de las personas no hizo nada para resolver
estos problemas. El tipo de establecimiento de salud visitado
para resolver los problemas de salud son principalmente los consultorios
médicos (14.2%), establecimientos del MSP (11.5%) y las
farmacias particulares (6.2%).
Sólo el 5.6 por ciento de la población usó
servicios preventivos de salud durante los 30 días previos
a la entrevista, cifra que aumenta al 6.8 por ciento en el área
urbana y baja al 4.0 por ciento en la rural. Los resultados son
más bajos de lo esperado, lo cual en parte puede deberse
al corto periodo de tiempo de referencia para esta parte de la
investigación.
El 60.1 por ciento de niños menores de 15 años
tomó al menos una dosis de antiparasitarios durante los
12 meses previos a la entrevista. Las fuentes principales de antiparasitarios
son las farmacias, el Programa de Atención Escolar y el
MSP.
Gastos
en salud
El gasto anual promedio en salud de los hogares ecuatorianos
la encuesta ENDEMAIN 2004 lo estima en US $541.9, cifra que asciende
a US $576.2 si se excluye el 6 por ciento de hogares que no tuvieron
problemas de salud o no usaron servicios. Para todos los hogares,
el gasto promedio es mayor en el área urbana que en la
rural (US $613.3 contra US $438.0), pasa de US $277.5 en hogares
del quintil más bajo a US $873.0 en los del quintil más
alto. El gasto promedio anual per cápita se estima en US
$147.9, valor que aumenta a US $157.3 si se excluyen los hogares
sin problemas de salud.
Los gastos directos en salud anualizados (consultas, medicamentos,
exámenes en general y de laboratorio, atención de
salud preventiva, control prenatal, atención del parto,
administración de antiparasitarios y gastos de hospitalización)
se estiman en US $513.9, valor que aumenta a US $546.5 si se excluyen
hogares sin problemas de salud. Este gasto representa casi el
95.0 por ciento del gasto total anual. El gasto promedio anual
en transporte para ir a los servicios de salud se estima en US
$27.9, cifra que es US $29.7 si se excluyen hogares sin problemas
de salud. Las pérdidas de ingresos promedio ocurridas cuando
algún miembro del hogar estuvo enfermo es de US $90.4,
valor que aumenta a US $96.1 excluyendo hogares sin problemas
de salud o que no usaron servicios de salud.
El gasto promedio mensual para atención curativa ambulatoria
sin hospitalización es de US $35.1, cifra que asciende
a US $40.7 si se excluye al 13.8 por ciento de hogares sin problemas
de salud. El gasto per cápita mensual, se estima en US
$9.7, cifra que aumenta a US $11.3 si se excluyen los hogares
sin problemas de salud. El gasto mensual por enfermo se estima
en US $17.4, cifra que aumenta a US $20.2 al excluir hogares sin
problemas de salud.
El 12.0 por ciento de hogares tuvo al menos un miembro hospitalizado
durante los últimos 12 meses a la fecha de la encuesta
y el 1.2 por ciento de personas hospitalizadas no gastó
por la hospitalización. El gasto promedio anual por hogar
es de US $47.6, cifra que aumenta a US $396.9 cuando se considera
solamente los hogares con hospitalización. El gasto por
persona hospitalizada es de US $43.8, valor que aumenta a US $365.9
cuando se considera solamente hogares con al menos un hospitalizado.
El 13.6 por ciento de los hogares tenía al menos una mujer
embarazada durante los 12 meses previos a la entrevista. El gasto
promedio en atención prenatal de todos los hogares entrevistados
es de sólo US $1.7, cifra que asciende a US $12.8 si se
considera solamente hogares con alguna embarazada. El gasto en
hogares indígenas en promedio es de US $4.4. Los hogares
con gastos menores de US $10.0 representan el 66.8 por ciento,
con relación al gasto directo (71.2%), lo cual determina
que en el país el uso de control prenatal es de bajo costo
para una gran mayoría de mujeres embarazadas.
El 8.7 por ciento de los hogares tenía al menos una mujer
que dio a luz durante los 12 meses previos a la entrevista. El
gasto promedio en atención del parto de todos los hogares
es de US $8.3, cifra que asciende a US $94.6 si se considera solamente
aquellos que tuvieron al menos una mujer que dio a luz. Los hogares
del nivel económico superior gastaron en promedio US $384.1,
casi diez veces más que los del nivel inferior (US $41.3).
El 12.9 por ciento de los hogares no gastó nada en salud
durante el período anualizado. Para el 72.3 por ciento,
el gasto en salud representó menos del 10 por ciento del
gasto total de consumo, para el 14.0 por ciento entre el 10 y
19 por ciento y para el 5.8 por ciento entre el 20 y 29 por ciento.
Para el 9.1 por ciento de hogares los gastos incurridos en salud
representan el 30 por ciento o más del gasto total de consumo
del hogar.
El porcentaje de hogares que gastó el equivalente a menos
del 10 por ciento del gasto total de consumo, varía del
69.6 por ciento en el área rural al 72.3 por ciento en
la urbana. El 27.2 por ciento de hogares indígenas no gastó
nada, mientras que el 44.8 por ciento gastó menos del 10
por ciento del gasto total. A medida que aumenta el nivel económico,
se incrementa el porcentaje de hogares que gastó menos
del 10 por ciento del gasto total. Los porcentajes más
altos de gastos en salud se encuentran en hogares del área
rural, en la Sierra, en hogares de población mestiza y
en los del quintil económico más pobre.