La presente sección tiene como propósito evaluar el proceso de adopción de los servicios de salud materna entre las mujeres de 15 a 49 años de edad, enfocando el análisis primero a los hijos de las entrevistadas que nacieron vivos en el período de julio de 1999 a junio de 2004, para evaluar el uso del control prenatal, lugar de atención del parto y el uso del control postparto. Posteriormente, se examinan los indicadores de la recepción de la vacuna contra el tétanos, así como el uso de la citología vaginal y del examen de las mamas.

9.2.1 Control prenatal

La atención del desarrollo del embarazo en forma temprana, periódica y de ser posible integral, disminuye el riesgo de muerte, tanto materna como perinatal, y propicia una adecuada atención del parto. En la presente sección se analiza el uso del control prenatal en cuanto a su oportunidad, frecuencia y fuente del mismo.

Los datos que se incluyen en los Cuadros 9.2 y 9.3 indican que para los niños nacidos vivos en el período de julio de 1999 a junio de 2004, en el 84.2 por ciento de los casos, las madres tuvieron al menos un control prenatal. Las normas del Ministerio de Salud Pública (MSP) definen que para que el control prenatal cumpla con el requerimiento de ser "precoz o temprano", la primera atención debe darse de preferencia en las primeras 12 semanas de embarazo, período que popularmente se conoce como primer trimestre de embarazo. En estos términos, para el 64.6 por ciento de los casos se cumplió con dicha norma. Del restante 19.6 por ciento que tuvo al menos un control prenatal, el 16.6 por ciento lo recibió en el segundo trimestre y el 3.0 por ciento en el tercer trimestre de embarazo. El cumplimiento de la norma varía del 74.7 por ciento en el área urbana al 52.8 por ciento en la rural. Se observa que más del 70 por ciento recibió el primer control durante el primer trimestre en las provincias de Guayas, Carchi, Manabí y El Oro, comparada con menos del 50 por ciento en las de Cotopaxi, Bolívar, Chimborazo y Cañar (Gráfico 9.2).

El porcentaje que recibió el primer control prenatal durante el primer trimestre de embarazo desciende en forma opuesta al orden del nacimiento, pasando del 70.8 por ciento para los primogénitos al 40.6 por ciento para aquellos del sexto orden o superior (Cuadro 9.4). No se encuentra una tendencia definida en cuanto a la edad de la madre al momento del nacimiento, pero se incrementa con el nivel de instrucción o económico de la madre, ascendiendo del 35.5 por ciento entre los nacimientos de madres que no tienen educación formal al 88.1 por ciento entre los nacimientos de aquellas con instrucción superior, y del 48.5 por ciento en el nivel económico bajo al 87.6 por ciento en el alto. Se observa que sólo el 33.2 por ciento de nacidos vivos de madres indígenas recibió su primer control durante el primer trimestre.

Gráfico 9.2
Primer control prenatal en el primer trimestre, por provincia
(Nacidos vivos de julio 1999 a junio 2004)

Las normas del MSP también definen que 5 es el número mínimo aceptable de controles prenatales que debe tener la embarazada sin riesgo mayor (inscripción y 4 subsecuentes), para que el servicio cumpla con el requerimiento de que el control sea "periódico o continuo". Al respecto, en los Cuadros 9.5 y 9.6 se puede observar que el 57.5 por ciento cumplió con esta segunda norma de tener 5 ó más controles. Esta situación varía del 70.7 por ciento en el área urbana al 41.9 por ciento en la rural, y del 68.3 por ciento en la provincia de El Oro al 37.2 por ciento en Chimborazo.

La proporción que recibió 5 ó más controles prenatales desciende del 67.6 por ciento para los primogénitos al 25.6 por ciento para los del sexto orden o superior (Cuadro 9.6). Con respecto a la edad de la madre al momento del nacimiento, la probabilidad de tener 5 ó más controles es mayor entre las de 25 a 34 años (alrededor del 61%) y menor en las de 40 a 49 años (33.5%). Según nivel de instrucción o económico, el porcentaje que recibió 5 ó más controles asciende del 21.9 por ciento entre mujeres sin educación formal al 87.6 por ciento entre aquellas con instrucción superior, y del 36.8 por ciento entre las del quintil económico bajo al 86.2 por ciento en el quintil más alto.

Un indicador próximo a la integralidad del control prenatal consiste en determinar el número de embarazadas que se inscriben en el control prenatal durante el primer trimestre de embarazo y reciben al menos 4 controles subsecuentes (al menos 5 en total durante un embarazo). Sobre este aspecto, se puede mencionar que en el Ecuador, para el 52.0 por ciento de los niños nacidos vivos de julio de 1999 a junio de 2004, se brindó un control prenatal más integral, por haberse inscrito durante el primer trimestre de embarazo y haber tenido al menos 5 controles (Cuadro 9.7 y Gráfico 5.3). El cumplimiento de ambas condiciones varía del 64.6 por ciento en el área urbana al 37.0 por ciento en la rural, y del 62.3 por ciento en la provincia de El Oro al 32.2 por ciento en Chimborazo.

Gráfico 9.3
Cumplimiento de normas de atención del control prenatal,
según características seleccionadas

Del total de nacimientos para los cuales las madres tuvieron al menos un control prenatal, el 63.5 por ciento recibió el control en establecimientos del MSP, el 22.3 por ciento en clínicas o de médicos privados y el 4.5 por ciento de la Junta de Beneficencia (Cuadros 9.8 y 9.9). El MSP fue la fuente más mencionada para este servicio, independientemente del área o provincia de residencia. Las clínicas o médicos privados adquieren relativa importancia en el área urbana del país (27.4%) y en las provincias de Tungurahua, El Oro y Azuay, con una participación del 35.5, 29.9 y 28.2 por ciento, respectivamente. Por su parte, la Junta de Beneficencia tiene su mayor presencia como fuente del control prenatal en la ciudad de Guayaquil (19.5%).

En general, la participación del MSP disminuye en la medida que aumenta el nivel de instrucción o económico de las madres, ocurriendo lo contrario con respecto a la participación de las clínicas o médicos privados (Cuadro 9.10). Cabe señalar, que las clínicas o médicos privados pierden importancia como fuente de control prenatal con el aumento en el orden de nacimiento, pero gana levemente en la medida que aumenta la edad de la madre. Se nota que el MSP fue la fuente principal para la gran mayoría de la población indígena que tuvo al menos un control prenatal con un valor del 82.5 por ciento. Este mismo grupo étnico tiene muy baja atención de clínicas o médicos privados (9.8%).

9.2.2 Atención del parto

Considerando los factores de riesgo, todo parto debería ser atendido por personal capacitado a fin de ofrecer una adecuada vigilancia del proceso del mismo. Para evaluar la medida en que los partos de los nacidos vivos en el período de julio de 1999 a junio de 2004 fueron atendidos por personal capacitado, en los Cuadros 9.11 y 9.12 se presentan las proporciones que tuvieron atención profesional y, por diferencia, no profesional, o sea “en casa”, y dentro de cada una de estas categorías, un mayor detalle de los lugares de atención del parto. Cabe aclarar que los pocos casos atendidos por establecimientos de la FFAA o Policía se agruparon en la categoría “Otros”.

Los datos indican que a nivel nacional, el 74.2 por ciento de los partos tuvieron atención profesional, pero existe una amplia brecha de acuerdo al lugar de residencia de las mujeres, ya que la cifra cambia del 88.6 por ciento para las que residen en el área urbana al 57.1 por ciento para las del área rural (Cuadro 9.12). El diferencial en la atención profesional del parto resulta mayor entre las provincias de El Oro (89.8%) y Bolívar (36.9%), lo cual representa una diferencia de casi 53 puntos porcentuales (Gráfico 9.4).

Gráfico 9.4
Atención del parto en establecimientos de salud, por provincia
(Nacidos vivos de julio 1999 a junio 2004)

Se observa en el Cuadro 9.11 que el MSP atiende mayormente a las mujeres que residen en las provincias de Carchi (60.7%), Cañar (50.1%) y Pichincha (50.2%). Por su parte, las clínicas y médicos privados tienen mayor demanda en las provincias de Los Ríos (39.2%), El Oro (38.8%) y Tungurahua (32.4%). La Junta de Beneficencia alcanza su mayor participación en la ciudad de Guayaquil (43.2%) y en la provincia de Guayas (33.9%).

De los partos clasificados como “en casa” (23.8%), el 12.7 por ciento fue atendido por una partera. Como es de esperarse, la participación de las parteras es mayor en el área rural que en la urbana, y es la fuente principal de atención en la provincia de Esmeraldas (40.9%). En las provincias de Chimborazo, Imbabura y Tungurahua, se encuentran los porcentajes mayores de los partos ocurridos sin la atención de nadie (10.5%, 7.1% y 6.3%, respectivamente).

Con base en los datos que contiene el Cuadro 9.14, se puede mencionar que la atención profesional del parto desciende con el orden del nacimiento, bajando del 84.6 por ciento para los primogénitos al 46.6 por ciento cuando son del sexto o superior orden del nacimiento. En cuanto al nivel de instrucción o económico de la madre, se encuentra que a mayor nivel, mayor es la atención profesional del parto, subiendo del 36.7 por ciento en el grupo sin educación formal al 93.7 por ciento en el grupo con instrucción superior, y del 55.8 por ciento en el nivel económico bajo al 91.9 por ciento en el más alto. También se puede apreciar que del total de partos de mujeres indígenas, sólo el 30.1 por ciento tuvo atención profesional (Gráfico 9.5).

Gráfico 9.5
Atención del parto profesional,
según características seleccionadas

La calidad de la asistencia del parto está en gran parte determinada por el personal que lo atiende. De los partos que ocurrieron en un establecimiento de salud durante el período julio de 1999 a junio de 2004, la gran mayoría fueron atendidos por médicos (85.2%) y el 12 por ciento por obstetrices, para un total de 97.2 por ciento (Cuadros 9.15 y 9.16). Sólo el 1.5 por ciento fue atendido por personal de enfermería. En el Cuadro 9.16, se observa que en la medida que aumenta el nivel de instrucción, también aumenta la probabilidad de un parto atendido por un médico. En cuanto a lugar del parto, se encuentra en la Junta de Beneficencia una proporción mayor de partos atendidos por obstetrices (20.3%). Los partos atendidos por médicos son principalmente en establecimientos del MSP (87%), Patronato San José (90%) y del IESS (93.2%).

La cesárea es una intervención salvadora, tanto para el niño como para la madre. Por ejemplo, buena parte de la prevención de la asfixia y el trauma del recién nacido – causas importantes de muerte neonatal – se previenen de esta manera. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el porcentaje de todos los nacimientos en un país que es por operación cesárea debe caer en un rango de 5 a 15 por ciento. Si el porcentaje es por debajo de 5 por ciento, esto indica inaccesibilidad a la operación, mientras que una tasa mayor del 15 por ciento representa un abuso de la operación, probablemente motivada por razones no de riesgo o por razones económicas.

En el Ecuador, la tasa general de cesáreas informada es de 25.8 por ciento (Cuadros 9.17 y 9.18). Esta tasa se podría considerar relativamente alta según lo antes mencionado. Las cesáreas son más frecuentes en el área urbana (34.0%) que en la rural (16.1%). Las tasas más altas se encuentran en las provincias de Manabí, Los Ríos, Guayas y El Oro (38.3%, 35.6%, 34.4% y 38.4%, respectivamente), mientras que las más bajas en Bolívar y Esmeraldas (Gráfico 9.6).

Las mujeres con instrucción superior, con una diferencia importante, tienen la tasa más alta de cesáreas (49.1%), casi cinco veces más alta que la de mujeres sin educación formal (10.1%) (Cuadro 9.18). El nivel económico muestra un comportamiento parecido al anterior en el sentido que las mujeres de nivel bajo presentan la tasa de cesáreas más baja, aumentando sustancialmente hacia el nivel alto (del 14.7% al 48.9%) (Gráfico 9.7). Se observa, como se espera, que los niños con bajo orden de nacimiento tienen una probabilidad mayor de nacer por una operación cesárea.

Gráfico 9.6
Partos por cesárea, por provincia
(Nacidos vivos de julio 1999 a junio 2004)

En el Cuadro 9.18, se puede ver que la proporción de partos por cesárea en establecimientos de salud del 34.5 por ciento, es casi 10 puntos porcentuales mayor al promedio total de esa intervención (25.8%). Las tasas más altas se encuentran en los establecimientos del IESS (50.0%), en las clínicas, hospitales y médicos privados (49.8%), en el Patronato San José (40.2%) y en la Junta de Beneficencia (35.5%).

Gráfico 9.7
Partos por cesárea, según características seleccionadas

9.2.3 Control postparto

Los servicios de control postparto son ofrecidos para evaluar la involución de los órganos reproductores, detectar y tratar las complicaciones propias del período y propiciar un adecuado cuidado de la salud de la mujer, contrarrestando así su riesgo reproductivo. En este proceso también se incluye la orientación a la madre sobre los cuidados del recién nacido, principalmente sobre la importancia de la lactancia exclusiva, el control del crecimiento y desarrollo del menor de 5 años y la consejería sobre planificación familiar. En esta sección se analiza el uso del control postparto, su oportunidad y el lugar de atención, para lo cual se seleccionó en forma aleatoria, un hijo nacido vivo en el período comprendido de julio de 1999 a junio de 2004.

Los resultados indican que entre los servicios de salud materna investigados, el control postparto es el menos utilizado en el Ecuador, en el sentido que sólo el 36.2 por ciento recibió al menos un control (Cuadros 9.19 y 9.20). Esta cifra cambia del 44.4 por ciento en el área urbana al 26.4 por ciento en la rural (Gráfico 9.8), y varía del 51.9 por ciento en Tungurahua y 50.8 por ciento en Carchi, al 19.6 por ciento en las provincias de Imbabura y Cotopaxi.

Las normas del MSP indican que a toda mujer que haya tenido un parto debe garantizársele acceso por lo menos a un control puerperal dentro de los primeros 40 días posteriores al evento. Atendiendo a esta norma en lo que se refiere al parto de los nacidos vivos en el período de referencia, en los mismos Cuadros se puede apreciar que sólo el 24.9 por ciento recibió el primer control antes de cumplir los 41 días posteriores al parto y el 11.2 por ciento después. La proporción que tuvo el primer control en el transcurso de los primeros 40 días cambia del 29.4 por ciento en el área urbana al 19.5 por ciento en la rural, y varía del 39.7 por ciento en la provincia del Carchí al 13.4 por ciento en Bolívar.

En general, el uso de control postparto disminuye a medida que aumenta la edad de la madre al nacimiento y el orden de nacimiento (Cuadro 9.20). Según nivel de instrucción, la probabilidad de asistir a control postparto aumenta con el nivel de instrucción, del 10.2 por ciento entre mujeres sin educación formal al 65.3 por ciento en aquellas con instrucción superior. Se observa un patrón similar con respecto al nivel económico (ver Gráfico 9.8); el porcentaje de mujeres que recibió su primer control dentro de los primeros 40 días aumenta en la medida que el nivel económico aumenta, pero disminuye de acuerdo al orden de nacimiento.

Gráfico 9.8
Control postparto, según características seleccionadas

Como se puede ver en los Cuadros 9.21 y 9.22, el MSP se constituye en la fuente de control postparto para el 52.9 por ciento de las puérperas. En segundo lugar aparecen las clínicas y médicos privados con el 30.8 por ciento y en tercer lugar, APROFE, con el 4.4 por ciento. La participación del MSP cambia del 63.7 por ciento en el área rural al 47.6 por ciento en la urbana, y desciende del 68.8 por ciento en mujeres sin educación formal al 22.0 por ciento en las que tienen instrucción superior. La participación mayor de las clínicas y médicos privados se concentra en el área urbana y en la Costa, entre mujeres con instrucción superior y entre las de nivel económico alto.

9.2.4 Vacunación antitetánica

La administración de toxoide tetánico (TT) a la mujer está dirigido a proteger al neonato de una eventual infección del muñon umbilical por el bacilo Clostridium tetanis. La estrategia del MSP es vacunar con la primera dosis a la gestante desde la primera consulta, en cualquier mes de gestación; la segunda dosis aplicarla en un intervalo no mayor de seis semanas ni menor de cuatro; y la dosis de refuerzo después de un año o en el siguiente embarazo (en cada embarazo). Se espera de esta manera, lograr niveles adecuados de inmunoglobulinas que sean transferidas al niño y darle inmunidad pasiva durante los primeros días de vida.

En los Cuadros 9.23 y 9.24 se observa que el 74.8 por ciento de mujeres de 15 a 49 años de edad habían recibido al menos una dosis de TT, y que el 25.0 por ciento habían recibido 3 ó más. Al momento de la entrevista, el 25.2 por ciento reportó no haber recibido dosis alguna. La proporción de mujeres en edad fértil con al menos una dosis varía poco según área de residencia y según provincia; la mayor variación se da entre Los Ríos y Azuay (90.5% contra 55.0%, respectivamente) (Gráfico 9.9). Al enfocarse a la proporción con 3 ó más dosis, se encuentra que la provincia de Manabí está en primer lugar (50.2%), mientras Cañar en el último lugar (9.2%).

Gráfico 9.9
Recepción en toda la vida de dos o más dosis de vacuna antitetánica, según provincia (Mujeres de 15 a 49 años de edad)

En general, el grupo de mujeres con la probabilidad de contar con al menos una dosis de TT, tiende a disminuir con la edad y el número de embarazos. Se observa que la tenencia de al menos una dosis aumenta de acuerdo al nivel de instrucción de las mujeres y ocurre poca variación de acuerdo al nivel económico (Cuadro 9.24). Con respecto a la proporción con 3 ó más dosis, las mujeres de 30 a 49 años de edad y las con 3 ó más embarazos, tienen mayor probabilidad a tener este número de dosis que los otros grupos de mujeres. Se observa que sólo el 15.3 por ciento de la población indígena tiene 3 ó más dosis y el 39.2 por ciento no recibió vacuna alguna.

Como se mencionó anteriormente, el 25.2 por ciento de las mujeres reportó no haber recibido dosis alguna de TT. Las mujeres que viven en las provincias de Azuay, Pichincha, Carchi e Imbabura muestran los porcentajes más altos, así como las solteras, las mujeres de 15 a 19 años, las sin experiencia de embarazo, las sin educación formal y las del nivel económico alto (29%).

9.2.5 Citología cérvico vaginal

En el Ecuador, el cáncer de cuello uterino es la patología neoplásica más frecuente y constituye la principal causa de enfermedad y muerte por cáncer en las mujeres. La citología vaginal o prueba de Papanicolau es una forma recomendada para la identificación de lesiones premalignas o malignas del cuello de la matriz. El MSP propone abatir las altas tasas de incidencia y mortalidad por esta neoplasia, con la detección precoz a través de un buen examen de citología cervical uterina cada tres años.

A todas las mujeres de 15 a 49 años de edad se les preguntó si habían recibido información sobre el cáncer del útero, y a quienes respondieron afirmativamente se les preguntó dónde la habían recibido. Las mujeres podían mencionar más de un lugar o establecimiento. Sólo el 34.7 por ciento reportó haber recibido información y el 10.2 por ciento mencionó que la información la recibió de parte del MSP (Cuadros 9.25 y 9.26). En segundo lugar aparecen las instituciones educativas o lugares de trabajo con el 6.3 por ciento, seguidos por las clínicas y médicos privados con el 5.1 por ciento, y SOLCA con el 3.6 por ciento. El MSP es la fuente más mencionada en cada categoría por lugar de residencia, pero las instituciones educativas o el lugar de trabajo son importantes fuentes de información para las solteras, mujeres de 15 a 19 años de edad y aquellas con instrucción superior. Las otras fuentes tienen un papel menos relevante en la diseminación de información sobre el cáncer del útero.

También se observa en los mismos Cuadros que el 65.3 por ciento no ha recibido esta información. Las proporciones más altas de mujeres sin información sobre cáncer del útero se encuentran entre mujeres que viven en el área rural (76.6%), en las provincias de Cañar (81.4%) y Bolívar (79.6%), en mujeres indígenas (86.3%), entre las sin o con poca instrucción (87.1% y 83.4%) y entre las del nivel económico bajo (81.8%).

A las mujeres con experiencia sexual, se les preguntó si en alguna oportunidad se habían hecho la citología, y a quienes respondieron afirmativamente, cuánto tiempo había pasado desde que se la tomó la última vez. En los Cuadros 9.27 y 9.28 se muestran que del total de mujeres de 15 a 49 años de edad con experiencia sexual, el 64.3 por ciento reportó que al menos en una oportunidad ha hecho uso de este servicio de salud, proporción que varía del 71.7 por ciento entre mujeres que viven en el área urbana al 52.6 por ciento en la rural. Las proporciones más altas de uso de la citología se encuentran en El Oro, Guayas y Pichincha (más del 70%), mientras que las más bajas en Bolívar, Cotopaxi y Cañar (menos de 50%) (ver Gráfico 9.10). En el Cuadro 9.28 se observa que a medida que aumenta la edad y el nivel educativo o económico, también aumenta la proporción que usó la citología vaginal alguna vez. Cabe mencionar que sólo el 29.0 por ciento de la población indígena tiene experiencia con la citología.

De las mujeres de 15 a 49 años con experiencia sexual que han usado la citología en alguna oportunidad, el 40.7 por ciento se tomó la última citología en el transcurso de los dos últimos años y el 24.5 por ciento en el transcurso del último (Cuadros 9.27 y 9.28). La provincia de Pichincha presenta la tasa más alta de uso de la citología en el transcurso de los 2 últimos años (47.9%), y la más baja en Bolívar (26.8%).

Gráfico 9.10
Mujeres que alguna vez utilizaron examen de Papanicolaou, por provincia
(Mujeres de 15 a 49 años de edad con experiencia sexual)

En el Cuadro 9.28 se observa que el nivel de instrucción de la mujer es un factor clave para la toma de la citología en los años más recientes, ya que su uso en el transcurso de los 2 últimos años asciende del 26.5 por ciento en el grupo sin instrucción formal al 55.0 por ciento en el grupo con instrucción superior. El nivel económico también influye y los patrones resultan similares a los encontrados para el nivel de instrucción: a mayor nivel, mayor uso reciente (Gráfico 9.11). También se observa que la proporción que se realizó la citología en los 2 últimos años aumenta con la edad, del 13.9 por ciento entre mujeres de 15 a 19 años al 48.9 por ciento en aquellas de 45 a 49 años.

Los datos de los Cuadros 9.29 y 9.30 muestran que el 32.0 por ciento de mujeres se hicieron su última citología en un establecimiento del MSP, mientras que otro 27.7 por ciento lo realizó en una clínica médica o consultorio privado. En tercer lugar se encuentra SOLCA (15.7%), seguido por establecimientos de otras ONG’s (15.2%). Con dos excepciones (Tungurahua y Manabí), el MSP fue la fuente más mencionada en cada provincia. En general, la proporción que utilizó las clínicas o médicos privados y otras ONG’s tienden a incrementarse de acuerdo con el nivel de instrucción o económico de la mujer (Cuadro 9.30).

Gráfico 9.11
Citilogía cérvico vaginal en los dos últimos años,
según características seleccionadas

A las mujeres de 15 a 49 años de edad con experiencia sexual que nunca se han hecho la citología, se les preguntó la razón principal para no hacérsela. El 25.4 por ciento respondió “por falta de información”, seguida por el 24.5 por ciento que “no lo considera necesario”, el 12.5 por ciento “por pena o vergüenza” y el 11.2 por ciento “por falta de dinero” (Cuadros 9.31 y 9.32). Otro 9.7 por ciento mencionó “por descuido”, mientras que el 7.7 por ciento dijo que tienen “miedo” al examen. El 1.5 por ciento citó problemas con el acceso a los servicios y el 1.0 por ciento mencionó problemas con el cuidado de sus hijos. La proporción que mencionó “falta de información” resulta ser mayor en Chimborazo, Tungurahua y Bolívar, en mujeres indígenas y en aquellas con menor nivel educativo o económico. En cambio, “no lo considera necesario” es mayor en grupos con mayor nivel educativo o económico y para las solteras. Es muy sorprendente que las mujeres con mayor educación mencionaran esta razón. También se observa que la probabilidad de argumentar,”por pena o vergüenza”, no varía mucho según las características presentadas en los dos Cuadros, que no sea la cifra alta que presenta el Carchi, con 22.6 por ciento. Como es de esperarse, la proporción que mencionó “falta de dinero” es mayor entre mujeres de menor nivel educativo o económico.

9.2.6 Tendencias en el uso de los servicios de salud materna

Los datos que contiene el Cuadro 9.2 al inicio de los Cuadros de este capítulo, permiten contar con una medida resumen de los cambios ocurridos sobre los indicadores seleccionados del uso de los servicios de salud materna, entre los períodos de referencia de las encuestas de 1994, 1999 y 2004. Con la excepción de los relacionados con el uso de control postparto y los partos por cesárea, todos los indicadores han presentado mejorías en los últimos 10 años, siendo más evidente el incremento en el uso de la citología vaginal que subió casi 15 puntos porcentuales (del 49.8% en 1994 al 64.3% en 2004). También se observa que el control prenatal y la atención del parto en un establecimiento de salud subieron alrededor de 10 puntos porcentuales cada uno. El parto institucional mejora de 63.5 por ciento en el estudio de 1994 a 74.2 por ciento en ENDEMAIN 2004. Con respecto al control postparto, el uso de este servicio se incrementó en sólo 3 puntos porcentuales en los últimos 10 años. Es preocupante el hecho que el porcentaje de todos los partos por cesárea se incrementó del 17.1 por ciento en ENDEMAIN 1994 al 25.8 por ciento en ENDEMAIN 2004, lo que indica un abuso de la operación en los años recientes.

9.2.7 Auto-examen de mamas y uso de mamografía

La evidencia científica actual menciona que la estrategia que más demuestra disminuir la mortalidad por cáncer del seno es la mamografía, seguida por el examen clínico de mamas, y son las intervenciones hacia las cuales se prioriza la atención en materia de prevención. Actualmente está en discusión el beneficio del auto-examen de mamas para incidir e impactar en la mortalidad por esta patología. Mientras tanto, en el diseño del cuestionario se consideró relevante indagar sobre este procedimiento que puede ser una medida simple y frecuente, que la mujer puede realizar sin costo alguno para detectar posibles signos que puedan asociarse, en forma precoz, a un posible problema oncológico. Para ello, a todas las mujeres de 15 a 49 años de edad se les preguntó si habían oído hablar del cáncer de mama (del seno o de los pechos), y si en alguna consulta de salud les habían examinado los pechos. También se les preguntó si les habían enseñado cómo hacérselo, y si se han hecho alguna vez el examen de mamografía.

Según evidencian los datos del Cuadro 9.33, el 71.7 por ciento respondió que ha oído hablar del cáncer de mama, cifra que asciende al 81.6 por ciento entre mujeres del área urbana, pero baja al 56.3 por ciento en la rural. El conocimiento del cáncer de mama es mayor en las provincias de El Oro y Pichincha (más del 80%) y menor en Cotopaxi, Cañar, Bolívar y Chimborazo (menos del 53%). Se observa en el Cuadro 9.34 que el conocimiento del cáncer de mama aumenta con la edad, nivel de instrucción y nivel económico de las mujeres. Se evidencia que el conocimiento es muy bajo entre mujeres indígenas y entre las sin educación formal (32.6% y 40.1%, respectivamente).

En los mismos Cuadros se observa que al 32.2 por ciento le han practicado el examen de los pechos en alguna consulta de salud. Esta proporción resulta ser mayor en el área urbana (39.7%) que en la rural (20.5%), y aumenta con la edad de la mujer, alcanzando el 44.6 por ciento entre las de 45 a 49 años de edad. También la proporción aumenta con el nivel educativo o económico de las mujeres, 53.0 por ciento en mujeres con instrucción superior al 53.3 por ciento en mujeres de nivel económico alto. Atendiendo a otras características incluidas en los Cuadros, se puede mencionar que las proporciones menores de mujeres a quienes les han hecho dicho examen en alguna oportunidad, corresponden a Chimborazo, Bolívar y Cotopaxi (menos de 20%), a las indígenas (11.3%), a las de las mujeres de 15 a 19 años de edad (16.1%) y a las sin educación formal (17.2%).

El 37.2 por ciento de las mujeres informó que le habían enseñado a realizarse el auto-examen de mamas. Esta proporción también resulta ser mayor en el área urbana que en la rural (47.6% contra 21.1%) y se incrementa con la edad y el nivel educativo o económico. La probabilidad de haber enseñado a realizarse el auto-examen es menor entre mujeres que viven en las provincias de Cañar, Chimborazo, Cotopaxi y región Amazonía (todas menos del 20%), mientras este dato en la región Insular sube al 55.9 por ciento.

Sólo el 7.2 por ciento de todas las mujeres de 15 a 49 años de edad contestó haberse hecho alguna vez el examen de mamografía (Cuadros 9.33 y 9.34). Las mujeres del área urbana, de Pichincha y Loja, así como las de 40 o más años de edad, las más educadas y de más alto nivel económico, presentan los porcentajes más altos de haberla realizado (Gráfico 9.12).

A las mujeres que nunca se hicieron el examen de mamografía, se les preguntó la razón para no hacerlo. En los Cuadros 9.35 y 9.36 se observa que el 59.8 por ciento respondió “no tiene problemas”, mientras que el 12.8 por ciento respondió que “no sabía que tenía que hacerse” y el 11.6 por ciento por “despreocupación”. Un 5.7 por ciento citó el alto costo del examen y el 5.6 por ciento dijo que “no tiene la edad para hacerse”. Combinando las primeras tres respuestas, se puede concluir que hay una gran falta de información entre la población femenina sobre los beneficios del examen y la importancia de realizarlo.


Gráfico 9.12
Examen de mamografía, según características seleccionadas