En los países en desarrollo, como es el caso del Ecuador, la deshidratación por diarrea es una de las principales causas directas de muerte en niños menores de 5 años. Además, es una de las causas más frecuentes que desencadenan el proceso de pérdida de la velocidad de crecimiento, que si no es corregida oportunamente, conduce a cuadros progresivos de desnutrición, lo que a su vez, propicia las condiciones para que prospere la morbilidad y mortalidad en la niñez. Para estimar la prevalencia de la diarrea y evaluar su tratamiento, primero se preguntó si el niño seleccionado había tenido diarrea en las últimas dos semanas, incluyendo el día de la entrevista. Para los casos que respondieron afirmativamente, se continuó preguntando sobre las condiciones en que se había desarrollado la enfermedad y el comportamiento de la madre en cuanto a su tratamiento.

Los datos en los Cuadros 13.9 y 13.10 muestran que el 21.7 por ciento de los niños menores de 5 años de edad había tenido diarrea durante las dos semanas previas a la entrevista. La prevalencia en el área rural resultó ser un poco mayor que en la urbana (23.0% contra 20.6%). Según la provincia de residencia, la cifra varía del 12.3 por ciento en Imbabura al 29.4 por ciento en Azuay. Después de esta provincia, las otras tres que presentan las prevalencias de diarrea más altas son: Bolívar (28.3%), Loja (26.7%) y El Oro (25.9%).

Al clasificar la prevalencia de la diarrea de acuerdo a la gravedad de los síntomas identificados por la madre, se encuentra que el 3.0 por ciento tuvo diarrea sin llegar a la deshidratación, el 12.5 por ciento presentó síntomas asociados a deshidratación no grave y el 6.3 por ciento síntomas asociados con deshidratación grave (Gráfico 13.4). Los síntomas asociados con algún grado de deshidratación tienden a ser más mencionados en el área rural y en las provincias de Bolívar, Azuay y El Oro.

La prevalencia de diarrea no presenta mayor diferencia por sexo del niño, pero resulta ser más frecuente entre niños de 6 a 23 meses de edad (Cuadro 13.10). También se observa que en general, la prevalencia de la diarrea presenta una relación inversa al nivel de instrucción de la madre, en el sentido que desciende del 27.7 por ciento entre niños cuyas madres tienen estudios de primaria incompleta al 16.9 por ciento de madres que tienen instrucción secundaria completa. Según nivel económico no se observa una tendencia definida, aunque la probabilidad de tener un episodio de diarrea tiende a ser mayor en el nivel económico bajo. Se observa que la prevalencia de diarrea es mayor en la población indígena y negra, en comparación con las otras poblaciones.

Con respecto a la gravedad de la diarrea, se observa en el Cuadro 13.10 que los síntomas asociados con algún grado de deshidratación tienden a ser más mencionados para los niños de 6 a 23 meses de edad, para niños cuyas madres tienen poca educación formal y para niños cuyas madres son del nivel económico bajo.

Gráfico 13.4
Prevalencia de diarrea por clasificación de la
enfermedad, según área de residencia

En general, el episodio de diarrea duró en promedio 4.2 días (Cuadro 13.11). Este hallazgo permite afirmar que en el Ecuador prevalecen las enfermedades diarreicas agudas. Los niños con mayor duración de episodios de diarrea se encuentran entre los de 0 a 5 meses de edad, los de madres indígenas (5.2 días, en cada caso), y entre los de mujeres que tienen bajos niveles de instrucción formal (5.4 días). Otro indicador de la gravedad de la diarrea es el número de episodios de diarrea o evacuaciones por día. En promedio, este número por día fue del 4.6 evacuaciones, cifra que no varía mucho según las características presentadas en el Cuadro.

En el Cuadro 13.12 se puede apreciar que el 91.4 por ciento de los niños que tuvieron diarrea recibió alguna forma de tratamiento. Para los niños que recibieron tratamiento, los más frecuentes fueron las medicinas de plantas (44.2%), antidiarreicos (42.2%), antibióticos (35.5%) y “otros remedios caseros” (33.3%). Se observa que el 30.7 por ciento de los niños recibió suero oral y el 26.5 por ciento suero casero; otro 16.0 por ciento recibió purgantes. El uso de suero oral y suero casero no presenta una tendencia definida de acuerdo a las características presentadas en el Cuadro. Se observa que la presencia de síntomas asociados con algún grado de deshidratación parece ser un factor determinante para la administración de sales de rehidratación oral y de suero casero durante el episodio de diarrea, ya que la proporción que recibió dichos tratamientos aumenta con la gravedad de la diarrea, del 13.4 y 10.8 por ciento entre los niños sin deshidratación al 35.5 y 32.0 por ciento entre niños que presentaron síntomas asociados a la deshidratación grave.

El uso de antibióticos resulta ser mayor en el área urbana, en la Costa y entre niños de 0 a 5 meses de edad. Se aprecia una tendencia creciente al uso de antidiarreicos con la edad de los niños, y lo contrario con respecto al uso de antibióticos. El 38.8 por ciento de niños con síntomas asociados a deshidratación grave recibió antibióticos, contra un poco más de un tercio entre niños para quienes no se percibió síntomas asociados a deshidratación, o ésta no fue grave.

En el mismo Cuadro 13.12, se observa que el 59.9 por ciento de las madres se consultó con alguien a raíz del último episodio de diarrea. Esta proporción es mayor en el área urbana que en la rural (66.1% contra 53.1%) y, en general, aumenta con el nivel educativo o económico de la madre. También se observa que el porcentaje que se consultó con alguien aumenta con la gravedad de la diarrea. El 50.3 por ciento de las madres consultó en un establecimiento del MSP, el 27.7 por ciento con un médico privado, el 13.1 por ciento en una farmacia y el 3.5 por ciento con familiares o amigos (Cuadro 13.13). El porcentaje de madres que se consultó en el MSP aumenta en la medida que el nivel educativo o económico disminuye, mientras que el porcentaje que se consultaron con un médico privado aumenta con la educación o nivel económico de la madre. Es interesante notar que, en la medida que aumenta la gravedad de la diarrea, también se incrementa la participación del MSP en el tratamiento de esta enfermedad.

A las 84 madres que no se consultaron con alguien para aliviar la diarrea de sus hijos, se les preguntó la razón principal. El 56.2 por ciento respondió que “no lo consideró necesario”, el 18.2 por ciento “por descuido” y el 11.1 por ciento “por falta de dinero” (datos no presentados). Otro 4.1 por ciento se informó que “estaba demasiado ocupada”, mientras que el 3.3 por ciento dijo que “no había atención en el Centro de Salud”; otro 2.8 por ciento citó la distancia a una fuente de ayuda.

Para efectos de indagar sobre los hábitos o comportamientos de la población ante los casos de diarrea, independientemente de que reportaran que habían hecho algo para aliviarla, a las madres se les preguntó si habían modificado la cantidad de líquidos y la comida sólida que normalmente le dan al niño. Los datos del Cuadro 13.14 muestran que el 54.8 por ciento aumentó la cantidad de líquidos, el 39.0 por ciento la mantuvo igual y para el 5.6 por ciento de los casos fue disminuida. El porcentaje que reportó haber aumentado la cantidad de líquidos resulta mayor en el área urbana que en la rural y se incrementa en la medida que aumenta la edad del niño. Según la gravedad de la diarrea, se observa que el porcentaje de madres que aumentó la cantidad de líquidos asciende del 28.7 por cientos entre niños sin deshidratación al 62.3 por ciento entre los que tenían síntomas asociados a deshidratación no grave, pero desciende al 52.5 por ciento entre niños con deshidratación grave. Este último hallazgo indica que para el 47.5 por ciento de los niños con síntomas asociados a deshidratación grave, la cantidad de líquidos no fue aumentada. Con respecto a la comida sólida, sólo el 4.8 por ciento de las madres aumentó la comida, el 44.2 por ciento la mantuvo igual y el 48.7 por ciento la disminuyó. La probabilidad de reducir la cantidad de comida fue mayor en el área urbana (53.2%) y entre niños cuyas madres tienen más alta instrucción, y aumenta en la medida que es mayor la gravedad de la diarrea.