En
la encuesta se hizo una serie de preguntas a las entrevistadas que
conocen o han oído hablar del VIH/SIDA para indagar sobre
las actitudes de aceptación frente a las personas que viven
con el VIH, conocido también como indicador de estigma y
discriminación. Las preguntas que se les hizo fueron las
siguientes: a) Si un pariente suyo se enfermara de SIDA, ¿Estaría
usted dispuesta a recibirlo y cuidarlo en su casa?, b) Si usted
supiera que un vendedor de verduras o alimentos tiene SIDA, ¿Le
compraría usted a él?, c) Si una profesora se encuentra
infectada por el VIH, pero no se ve enferma, ¿Se le podría
permitir que siga dando clases?, d) Si una persona de su familia
se infectara con el virus del SIDA, ¿Preferiría usted
que eso se mantuviera en secreto?, y e) Si un niño está
infectado con el virus del SIDA, ¿Piensa que se le debe dejar
que vaya a la misma escuela o colegio donde van los niños
y niñas de su familia?. En los Cuadros
16.26 y 16.27
se presentan los resultados.
El
71.1 por ciento de las mujeres estaría dispuesta a recibir
y cuidar en su casa un pariente enfermo de SIDA, pero sólo
el 52.5 por ciento reporta que tiene preferencia en mantenerlo en
secreto. La aceptación de recibir o cuidar a un familiar
con SIDA varía del 65.5 por ciento en el área rural
al 74.1 por ciento en la urbana, pero la preferencia de mantenerlo
en secreto varía del 49.8 por ciento en el área urbana
al 57.6 por ciento en la rural. Según provincias, los mayores
porcentajes que estarían dispuestas a recibir y cuidar en
su casa a un pariente enferma con el SIDA, se encuentra en Imbabura,
Pichincha y Esmeraldas (alrededor del 74%), mientras que las mayores
proporciones que tienen preferencia de mantenerlo en secreto se
encuentran en Manabí (63.4%) y Loja (59.0%).
En
general, el porcentaje de mujeres que estaría dispuesta a
recibir y cuidar en su casa a un pariente enfermo de SIDA aumenta
con el nivel educativo o económico, pero disminuye con respecto
a la edad de la informante (Cuadro
16.27). La proporción que tiene la preferencia de mantener
en secreto el hecho de que un familiar esté viviendo con
el VIH/SIDA, es menor entre mujeres de 15 a 29 años de edad,
y desciende del 61.8 por ciento entre mujeres con baja instrucción
primaria al 46.7 por ciento entre aquellas con instrucción
superior. En forma similar se observa que desciende del 58.3 por
ciento entre las que pertenecen al quintil económico más
bajo al 50.1 por ciento entre aquellas del quintil más alto.
En
los Cuadros
16.26 y 16.27
también se observa que el 58.1 por ciento de las mujeres
aceptaría que una profesora infectada por el VIH, aunque
no se vea enferma, siga dando clases, y el 48.3 por ciento estaría
dispuesta a comprar verduras o alimentos a un vendedor con SIDA.
La primera proporción baja del 65.4 por ciento entre mujeres
del área urbana al 44.1 por ciento en la rural, y la segunda,
del 54.0 al 37.7 por ciento, respectivamente. Según provincias,
los porcentajes más altos que aceptarían que siga
dando clases una profesora infectada por el VIH, aunque no se vea
enferma, se encuentran en Pichincha y Tungurahua (69.6% y 68.1%,
en ese orden), y los menores en Los Ríos, Amazonía
y Manabí (41.2%, 44.6% y 48.3%, respectivamente). Por su
parte, la mayor disposición a comprar verduras o alimentos
a un vendedor con SIDA se encuentra en Pichincha, Guayas y Tungurahua
(más de 50%). También se observa que el 54.6 por ciento
de mujeres informó que sería aceptable que niños
o niñas infectados con el virus del SIDA asistan a la misma
escuela o colegio donde van los niños y niñas de su
familia. Esta cifra varía del 40.8 por ciento en el área
rural al 61.9 por ciento en la urbana. Según provincias,
los porcentajes más altos de aceptación se encuentra
en Pichincha (65.9%) y en Tungurahua (62.9%), y los menores en Bolívar
(41.2%) y la Amazonía (41.4%).
La
discriminación de una profesora infectada por el VIH, aunque
no se vea enferma, es mayor en mujeres solteras y entre las que
tienen 15 a 24 años de edad, y asciende con el nivel educativo
o económico (Cuadro
16.27). Por su parte, la discriminación hacia un vendedor
de verduras o alimentos es bajo (30.8%) entre la población
indígena y asciende con el nivel educativo o económico.
La proporción que aceptaría niños o niñas
infectados con el VIH en la misma escuela o colegio donde van los
niños o niñas de su familia, es mayor entre mujeres
solteras y asciende con el nivel educativo o económico. |