En los Cuadros 16.13 y 16.14, se muestra que al nivel nacional, el 65.9 por ciento de las mujeres de 15 a 49 años de edad ha oído hablar de la prueba del VIH, el 44.2 por ciento sabe donde la hacen y el 13.6 por ciento se ha realizado la prueba. El porcentaje que ha oído hablar de la prueba es más alto en el área urbana (75.7%) que en la rural (47.4%), con una diferencia de casi 30 puntos porcentuales. A nivel provincial, se observa que las residentes en Guayas tienen mayor conocimiento de la existencia de la prueba (77.8%), siendo mucho menor en Bolívar y Carchi (38.9% y 41.7%, respectivamente). De acuerdo a las características que contiene el Cuadro 16.14, el porcentaje resulta mayor entre mujeres del grupo étnico blanco (73.3%) y entre las que tienen 20 a 24 ó 35 a 39 años de edad (alrededor del 68%). Se observa que la cifra se incrementa con el nivel de instrucción, pasando del 41.6 por ciento en las que no tienen educación formal al 89.7 por ciento entre las que tienen instrucción superior. Similar incremento se observa con respecto al nivel económico, del 45.0 por ciento entre las del nivel bajo al 83.2 por ciento entre aquellas del nivel alto (Gráfico 16.5).

El porcentaje que conoce donde hacen la prueba del VIH es más alto en el área urbana (53.4%) que en la rural (26.7%), con una diferencia de 27 puntos porcentuales (Cuadro 16.13). A nivel provincial, se observa que las mujeres que viven en Pichincha y Tungurahua tienen mayor conocimiento de algún lugar en donde hacen la prueba (52%), bastante diferente al bajo conocimiento que se registra en Bolívar, Cañar, Amazonía y Carchi (menos del 30%). De acuerdo con las características que contiene el Cuadro 16.14, el conocimiento de al menos un lugar donde hacen la prueba, resulta mayor entre mujeres de la población blanca (52.6%) y las que tienen de 35 a 39 años de edad (48.4%). Esta cifra se incrementa con el nivel educativo o económico (Gráfico 16.5).

Del total de mujeres de 15 a 49 años de edad que conocen o han oído hablar del VIH/SIDA, el 13.6 por ciento se ha realizado la prueba o examen del VIH. El porcentaje de mujeres del área urbana que se ha hecho la prueba en alguna oportunidad es casi tres veces mayor que el porcentaje del área rural (17.2% contra 6.7%). Según provincias, esta cifra asciende de un 3.3 por ciento en Bolívar al 1.8 por ciento en Tungurahua y Pichincha. Llama la atención que en la Costa, región donde el MSP registra la mayor cantidad de casos, sólo el 14.3 por ciento de las mujeres se ha realizado la prueba en alguna oportunidad.

Gráfico 16.5
Conocimiento sobre la prueba del VIH, sabe dónde la hacen y
se ha hecho la prueba, según quintil económico

El porcentaje de mujeres que se ha hecho la prueba varía del 8.2 por ciento entre mujeres de 15 a 19 años a casi el 18 por ciento en aquellas de 20 a 29 años de edad. Esta proporción asciende del 8.4 por ciento entre mujeres sin educación formal al 32.3 por ciento en aquellas con instrucción superior. Se observa un patrón similar según nivel económico (Gráfico 16.5).

En resumen, el uso de la prueba del VIH en alguna oportunidad es bajo en las mujeres en edad fértil del Ecuador, particularmente en la Costa. La región Insular tiene el valor más alto (51%). Se destaca que las mujeres indígenas tienen valores muy bajos en conocimiento, lugar donde realizan, y prueba efectuada (34%, 15.2% y 3.7%, en ese orden).

En los Cuadros 16.15 y 16.16 se muestra que, del total de mujeres que se ha hecho la prueba en alguna oportunidad, el 33.0 por ciento se hizo la última prueba en un establecimiento del MSP, el 22.3 por ciento en una clínica privada y el 20.4 por ciento en las facilidades de la Cruz Roja. En general, el uso del sector privado aumenta en la medida que es mayor el nivel educativo o económico de las entrevistadas.

A las mujeres de 15 a 49 años de edad que se han hecho la prueba del VIH en alguna oportunidad se les preguntó: “¿Ese examen se lo hizo por su propia voluntad o porque tenía que mostrar el resultado en algún lugar”?. Los resultados indican que el 21.2 por ciento de ellas informó haberse hecho la última prueba en forma voluntaria (Cuadros 16.17 y 16.18). El porcentaje que se hizo la prueba del VIH porque tenía que presentar el resultado en algún lugar es del 78.8 por ciento, cifra que no varía mucho según las características de análisis presentadas. La probabilidad de hacerse la prueba en forma voluntaria es mayor entre mujeres separadas, divorciadas o viudas (29.6%) y entre las del nivel económico alto (26.1%). Las mujeres que se hicieron la prueba por requerimiento son: las más jóvenes, las solteras y las de menores niveles de instrucción o económicos.

De las mujeres de 15 a 49 años de edad que se han hecho la prueba del VIH en alguna oportunidad, el 30.1 por ciento se hizo la última prueba durante los 11 meses previos a la entrevista, mientras que otro 21.8 por ciento durante los 12 a 23 meses previos a la misma (Cuadros 16.19 y 16.20). Leyendo los totales de derecha a izquierda, se puede apreciar que el uso de la prueba se ha incrementado, siendo mayor en los años recientes, particularmente durante el último año previo a la encuesta. La probabilidad de realizar la prueba durante el último año es mayor en la Costa, entre la población blanca, en las de 15 a 19 años de edad, las que tienen alguna instrucción secundaria y entre las del segundo quintil económico.

Según las normas y protocolos de salud, toda persona que solicite la prueba para detección del VIH, debe recibir consejería pre-prueba, y tanto los casos que resulten positivos como negativos a la prueba, deben recibir la consejería post-prueba. Para indagar sobre el cumplimiento a estas normas y protocolos, a todas las mujeres que reportaron haberse hecho la prueba al menos una vez en la vida, se les preguntó si habían recibido alguna forma de consejería antes y después del examen. El 56.3 por ciento de las mujeres reportó haber recibido algún tipo de consejería antes del último examen y de las mujeres que recibieron el resultado respectivo, el 41.4 por ciento indicó que había recibido consejería antes de conocer los resultados (Cuadros 16.21 y 16.22).

La probabilidad de recibir consejería pre-prueba varía del 42.9 por ciento en “otros” establecimientos de salud al 72.7 por ciento en el IESS. Se observa que el 58.5 por ciento de mujeres que usaron las facilidades del MSP recibió consejería pre-prueba, cifra que baja al 49.0 por ciento entre mujeres que fueron atendidas en la Cruz Roja.

El 90.5 por ciento de mujeres que se hicieron la prueba, recibió el resultado de la última prueba, cifra que sube al 98.8 por ciento entre mujeres que utilizaron los establecimientos de FFAA/Policía. Se observa que sólo el 59.9 por ciento de aquellas que utilizaron los servicios del IESS recibió los resultados de la última prueba.

La probabilidad de recibir consejería antes de conocer los resultados varía del 31.3 por ciento en la Cruz Roja al 52.4 por ciento en clínicas de ONG’s. Es notorio que sólo el 43.2 por ciento de las mujeres que usaron las facilidades del MSP recibió consejería antes de conocer los resultados.

A las mujeres de 15 a 49 años de edad que conocen la prueba del VIH y saben donde la hacen, pero que nunca se la han hecho, se les preguntó la razón principal para ello. La razón mencionada con mayor frecuencia es que “no lo ha considerado necesario” (82.2%), cifra que asciende al 86.0 por ciento entre mujeres de la Sierra (Cuadro 16.23). Otro 4.0 por ciento mencionó que “no le han indicado o recomendado la prueba”, mientras que el 2.9 por ciento citó razones económicas.

De las mujeres que han oído hablar de la prueba del VIH y nunca se la han hecho, el 90.3 por ciento informó estar dispuesta a realizársela si el precio de la prueba fuera conveniente (Cuadro 16.24). La proporción que se haría la prueba si se la ofrecieran a un precio que pudiera pagar no presenta mayor variación según las características presentadas en el cuadro.

A las mujeres que no estarían interesadas en realizarse la prueba si fuera accesible económicamente, se les preguntó la razón principal para no hacérsela. La mayoría (74.3%) dijo que “no la necesita” (Cuadro 16.25). Las otras razones que fueron especificadas con baja frecuencia, incluyen el 12.0 por ciento por “temor al resultado”, 3.9 por ciento por “temor a contagiarse” y el 3.3 por ciento por “temor a falta de confidencialidad”. Otro 1.0 por ciento citó “oposición de la pareja”.